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Licencia para desvalijar al refugiado

Álex Saldaña

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Esta semana, entre no pactos y corrupción, una noticia terrible ha pasado un tanto desapercibida. Me refiero a la aprobación por parte del parlamento danés de una reforma legal que permite a la policía requisar –desvalijar– dinero en cantidades superiores a 1.340 euros, así como joyas y otros objetos de valor a los refugiados. Ah, bueno, les permiten conservar sus bienes personales de valor sentimental, como las alianzas matrimoniales. ¡Qué detalle! Sostiene el Gobierno danés que así pretende igualar las condiciones de los peticionarios de asilo con las que se aplican a sus ciudadanos para acceder a ayudas públicas, a los que se exige que antes de tirar de subsidios consuman su propio patrimonio. Cabría recordar, como ha hecho la OSCE, que la mayoría de los refugiados lo han perdido todo al tener que abandonar su hogar, sus trabajos, sus vidas... Y aun así esta legislación parece decir que los afortunados que sobrevivieron al viaje con unas pocas posesiones aún no han perdido lo suficiente. Claro que, aunque esta medida –que algunos han comparado con las incautaciones de los nazis sobre los bienes de los judíos– sea la más llamativa de la ley, no es la más grave; es mucho peor que los refugiados con el estatus de asilo temporal por un año tendrán que esperar tres años (en vez de los 12 meses de antes) para pedir que su familia se reúna con ellos, lo que significa que habrá niños que en tres años no podrán estar con sus padres. Eso propiciará que muchos de estos, para evitar tan larga separación, carguen con sus pequeños durante miles de kilómetros en penosas condiciones y con riesgo para sus vidas. Sí, es terrible. De hecho, ACNUR ya ha advertido que la ley viola la Convención Europea sobre Derechos Humanos, la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño y la Convención sobre Refugiados de la ONU. Europa –Dinamarca no está sola en esto–, otrora sinónimo de libertad y de solidaridad, parece haber renunciado a los valores que la hicieron grande, quedándose en una unión muy económica pero nada humana.

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