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Literatura Paradiso

Juan Ballester

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Comparar estudiar una oposición con presentarse a un concurso literario es una sandez, pues poner en parangón dos magnitudes exige que tengan más cosas en común que penetrar en un túnel de incierta salida. Es muy diferente memorizar las leyes o repasar los temas de esta vida, empezando por la seguridad que proporciona el éxito, pues ser funcionario resuelve la vida mientras que, como dijo el autor de La Perla, La profesión de escritor hace que las carreras de caballos parezcan un negocio estable.

Con la experiencia de haber sido aspirante y después juez, tanto en un Tribunal de Oposiciones a Notarías como este verano habiendo formando parte del Jurado Literario de un certamen, puedo afirmar que los opositores penetran por la Puerta de la Cordura y los escritores por la de la Locura, soliendo cruzarse hacia la mitad del subterráneo.

Concretamente, los opositores sufren un pavor conocido como el síntoma García-Cueco que estaba examinándose del Segundo ejercicio de Hipotecario cuando se produjo un apagón y, al volver la luz, se había esfumado como Antonio Gala que abandonó las oposiciones para Abogado del Estado. Frente a los escritores que padecen un síndrome de ajenidad llamado Wakefield -el personaje de un cuento de Nathaniel Hawthorne que alquiló una casa frente a la suya para espiarse-, y que produce que muchos que por la mañana trabajan, se den la mano a sí mismos a la hora de comer.

Hay quien cuando escribe no se sabe si está hablando de aquí, de mengano o de su madre porque se está acordando del periplo de presentarse en los despachos de editores y agentes literarios con una novela bajo el brazo. Es una amarga experiencia tantas veces reflejada en la literatura de formación. Publicar hoy, en este mundo de cuervos, es el único muro que mucha gente será incapaz de saltar, y si cuando compareces ante el Tribunal de Registros te extraña que te dejen ingresar en el monacato, en este concurso literario para escritores menores de 38 años, seguro que lo que les sorprende es que haya habido unas personas en el lugar y a la hora acordada para valorar su trabajo.

Y porque es una especie en peligro de extinción, les pido con antelación que guarden un hueco para asistir al homenaje que la Novela va a recibir con ocasión de la Edició dels Premis Literaris 2015 que van a presentar dos auténticos maestros en el arte de la locución. Será a las siete del próximo día siete de noviembre y no les anuncio el teatro porque Luis del Olmo y yo, lo tenemos por confirmar. Luego habrá un pequeño ágape patrocinado por una bodega mecenas de la Conca de Barberá.

No va a ser como los Planeta donde siempre se comen los canapés los mismos y el premio está decidido de antemano, sino en un salón en el que se podrá seguir la ceremonia en la que ni siquiera los miembros del Jurado conoceremos al ganador. A ella, están invitados junto con los Seis nominados, Seis, seleccionados entre los 81 participantes de todos los rincones de habla hispana: un argentino, uno de África, un asturiano, una valenciana, un catalán y uno de Madrid.

Hay una película llamada Cinema Paradiso que rinde tributo al Séptimo Arte en la que se han inspirado los organizadores para dar los premios literarios de esta provincia satélite que aspiramos a que sea planeta. En ese film, un director de cine regresa al pueblecito en donde pasó la infancia durante la postguerra. El único pasatiempo era ver películas, algunas tantas veces, que todos los vecinos han memorizado como Opositores y repiten anticipándose a los actores. Alfredo, su viejo amigo de la cabina de proyección, ha dejado para él un regalo póstumo.

No sé quién dijo que hay muchas páginas de literatura pulp fiction, pero que por escribir una sola buena vale la pena vivir; y hay que preguntarse si serán tantas las buenas que se habrán quedado en un cubo de basura. El rollo de 35” de triacetato que por aquel entonces sustituía al celuloide, contiene un montaje con imágenes cortadas que nunca han visto la luz censuradas con tijeras por el cura, y en la ceremonia de Tarragona, escritores afincados aquí harán de Cicerone de los nominados leyendo pasajes y sabiendo que sólo una novela será publicada.

Puede parecer cruel seguir el sistema de Eurovisión. Pero la cinta que le ha dejado contiene la respuesta a la canción, ¿Adónde van los besos? Y en homenaje a todas esas páginas jamás leídas, los besos van para los cinco finalistas que inmerecidamente volverán a toparse con el muro, ya que en las editoriales culturales, como Arola Editors, se hace lo que se puede. O sea, Tributo a la Literatura que los griegos consideraron el Primer Arte cuando decidieron que eran Seis.

Los helenos acordaron que con la melodía, la armonía, el ritmo y el timbre de las palabras, puede componerse más música que con una orquesta y no existiendo un temario, la imaginación suele procurar finales sorprendentes. Por mucho que los guionistas de series y películas de la Pequeña y de la Gran Pantalla hayan adelantado a la Literatura en número de seguidores durante el XX, han chupado tanto que ya iba siendo hora de plagiarles.

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