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Opinion EDITORIAL

Los Juegos dan señales de vida

Tarragona sigue en riesgo de desaprovechar la proyección de imagen de ciudad que puede aportar el evento deportivo.

 

Diari de Tarragona

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El ministro  Méndez de Vigo visita las obras de remodelación del Nou Estadi del Nàstic.

El ministro Méndez de Vigo visita las obras de remodelación del Nou Estadi del Nàstic.

Los Juegos del Mediterráneo que deben celebrarse en Tarragona del 22 de junio al 1 de julio próximos. Comienzan a dar señales de vida. Entre voces agoreras que siguen poniendo en duda que el acontecimiento tenga lugar, ayer el ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, inauguró las mejoras realizadas en el campo del Nàstic, financiadas íntegramente por el Consejo Superior del Deporte por un importe de 1,7 millones de euros. Posteriormente cursó una visita al Anillo Mediterráneo donde pudo comprobar los trabajos a contrarreloj para que la piscina olímpica pueda estar lista para la fecha de la competición. Méndez de Vigo aseguró que lo estaría. Toda la visita del ministro fue una inyección de moral y optimismo, jalonada por el delegado del Gobierno en Catalunya, Enric Millo, y el alcalde de Tarragona, Josep Fèlix Ballesteros. Dando por cierto que se cumplirán todos los plazos previstos para que las instalaciones estén a punto para acoger a los 4.000 deportistas de 26 nacionalidades que acudirán a Tarragona, es indudable que esta alegría y este optimismo no ha alcanzado a todo el consistorio y mucho menos a la propia ciudad ni a las sedes que compartirán escenarios deportivos. El equipo de Gobierno, con excepción de Ciutadans, estuvo solo ayer en el recorrido inaugural. Es evidente que la situación política, que ha abierto un abismo enorme entre los representantes políticos y la propia ciudadanía, no ayuda a generar un clima de unidad que sería deseable para que un evento como los Juegos opere una lluvia beneficiosa de autoestima y de proyección exterior de Tarragona. Pese a todos los errores y obstáculos que se han tenido que superar, los Juegos encaran la recta final. Todavía se está a tiempo de, por lo menos, salvar los muebles. Es necesario generar una inyección de optimismo en la ciudad, es imprescindible que se respire de verdad ambiente de Juegos, de  proyecto colectivo. Sólo así podrá trascender la marca Tarragona al exterior y se podrá rentabilizar el esfuerzo de ser sede del deporte mediterráneo.

 

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