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Los errores de Pablo Iglesias

Donde Pablo Iglesias ha metido la pata es en su afán de vestirse de moderado

Enrique Arias Vega

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No seré yo quien le diga lo que tiene que hacer al dirigente de Podemos, entre otras razones porque pienso muy distinto a él.

Al parecer, sin embargo, no hay político más pendiente de la opinión de los demás que el joven y radical líder emergente. En cuanto surge un tema de gran trascendencia, desde la hipotética independencia de Cataluña hasta la acción internacional contra el terrorismo, todo lo soluciona con un referéndum: como si los políticos no hubiesen de tener ideas propias con las que acudir a las elecciones, sin necesidad de posponer la actuación concreta a su aceptación cotidiana por parte de la ciudadanía.

Pero eso, por preocupante que pueda resultar, no tiene porqué ser un error político, sino sólo una falta de programa o de ideas. Donde Pablo Iglesias realmente ha metido la pata, con perdón, es en su afán de ‘travestirse’ de moderado llevando en su candidatura a sesudos jueces, militares o catedráticos que ni han estado en las asambleas iniciáticas del famoso 15-M, ni representan el sentir de aquellos indignados que propiciaron el nacimiento de Podemos.

Si el hombre cree que así ganará votos centristas para su programa de acabar con las instituciones de la transición política va dado. Por muchas caras amables y con arrugas con las que intente maquillar sus candidaturas, los votantes de centro tienen muchas otras opciones entre las que elegir. En cambio, el cabreo de las bases asamblearias de su partido comienza a ser notorio porque, al final, la formación política en la que menos se practican las elecciones primarias y la democracia interna es la suya.

Vivir, pues, para ver.

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