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Opinion EDITORIAL

Los héroes silenciosos

Los bomberos, a los que siempre se escatima medios, han vuelto a poner su vida en riesgo en la lucha contra el fuego

 

Diari de Tarragona

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La encomiable labor de los bomberos, con riesgo de sus vidas. EFE

La encomiable labor de los bomberos, con riesgo de sus vidas. EFE

El incendio de la Ribera d’Ebre sigue activo, aunque los equipos de extinción consideran que el 80% del fuego está estabilizado y se ha logrado contener las llamas para evitar que se extendieran por otros frentes. La crueldad del combate, acrecentada por unas temperaturas de puro infierno, vuelve a tener unos héroes audaces en los bomberos. Cinco hombres han tenido que ser atendidos por golpes de calor, dos de ellos han tenido que ser evacuados en helicóptero al Hospital de Móra d’Ebre. Las cifras de las condiciones en que se lleva a cabo la lucha contra el fuego son ilustrativas: temperaturas que han superado los 44 grados centígrados y humedades por debajo del 13%, es decir prácticamente inexistentes. El jefe del dispositivo del Servei d’Emergències Mèdiques (SEM), Josep Maria Soto, ha explicado que ambos bomberos ingresados se encuentran en estado menos grave, su evolución es «correcta» y permanecerán ingresados en observación. El trágico recuerdo de la tragedia del incendio de Horta de Sant Joan redobla la sensibilidad y preocupación por el trabajo de los bomberos. Se juegan literalmente la vida y no siempre con suficientes medios. Están muy recientes las protestas en los parques de Catalunya por la falta de medios y de efectivos. No hace falta aportar más argumentos para exigir al Govern la máxima atención para un colectivo cuya labor encomiable salva enseres y vidas además de evitar que las tragedias del fuego se hagan interminables. 
Volviendo al incendio de la Ribera, la superficie provisional afectada, según el último balance del ofrecido por Agents Rurals, asciende a 6.000 hectáreas, una cifra catastrófica, pero limitada si tenemos en cuenta que se corrió el riesgo de que las llamas pudieran extenderse hasta 20.000 hectáreas. Ahora la prioridad máxima es la extinción total del fuego y aprovechar la lección de forma inmediata para emprender políticas de equilibrio territorial que combatan el abandono de las zonas rurales, motivo esencial y origen último de la catástrofe que nos asola.

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