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Los otros antisistema

El precio de las gasolinas sube como un cohete y baja como una pluma
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Como estamos más pendientes del nuevo careto de Maradona, del millón de funcionarios que promete crear el candidato de Izquierda Unida o del ‘caloret’ de marzo, no hemos dado suficiente importancia al puñetazo en la mesa que acaba de dar la Comisión de Defensa de la Competencia. Les ha enchufado, sin anestesia, a nueve empresas lecheras 88,2 millones de euros de multa «por controlar el mercado de aprovisionamiento de la leche cruda de vaca». Y a cinco petroleras otra multa de 7,9 millones. Presuntamente –porque las multas están recurridas– los inspectores independientes han descubierto que empresas punteras en dos sectores relevantes del consumo han practicado conductas anticompetitivas que impiden que actúe la concurrencia para abaratar los precios de la leche y de la gasolina.

Así que durante una década las empresas más importantes que compran la leche a los ganaderos habrían intercambiado entre ellas información sobre precios, volúmenes de producción y excedentes con el fin de acordar los precios de compra y que ninguna pague más que otra al sufrido ganadero. Eso sí que me parece una conducta antisistema. Luego unos llevan la fama y otros cardan la lana. Porque si existe un principio fundacional de la economía de mercado en el que se apoyan las democracias representativas y las sociedades modernas es precisamente la libertad de competencia. Porque la tendencia a la concentración en pocas manos de sectores clave del consumo como la alimentación, la telefonía o la energía tiende a establecer una inercia anticompetitiva que bloquea los mercados. Esa es la razón de las leyes antimonopolio que deben impedir que el mercado quede a merced de unos pocos centros de decisión. La concurrencia impulsa la mejora en la calidad de los productos y favorece su abaratamiento en beneficio del consumidor como hemos podido comprobar durante los últimos años en la telefonía. Pero otros segmentos como la energía y la alimentación se resisten a doblegarse a las leyes del mercado.

La Comisión Nacional del Mercado y Competencia ha acreditado que durante una década los ganaderos han estado en manos de un cártel de empresas. O que cinco petroleras que controlan el 70% de las gasolineras de toda España son pilladas dificultando la competencia entre estaciones de servicio independientes. Y luego llaman antisistemas a cuatro ‘friquis’ con cresta. Ahora nos explicamos lo que se ha llamado ‘efecto pluma y cohete’. El precio de las gasolinas sube como un cohete cuando se incrementa el precio del petróleo y baja como una pluma cuando desciende. Un aplauso para los inspectores independientes de la Comisión aunque actúen con excesiva galbana. Porque ellos son los guardianes del sistema y del libre mercado. Menos alarmismo señalando a los que rompen lunas de los bancos un par de noches al año y más rigor y vigilancia para otros conspiradores silenciosos contra el libre mercado.

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