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Opinion EDITORIAL

Luces y sombras de los Juegos Mediterráneos

Ahora que comenzamos  a saborear la importancia de los Juegos se nos van de las manos y lamentamos los errores.

 

Diari de Tarragona

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El alcalde recibe de la Guardia Urbana la bandera de los Juegos recién arriada. PEE FERRÉ

El alcalde recibe de la Guardia Urbana la bandera de los Juegos recién arriada. PEE FERRÉ

El primer balance de los Juegos Mediterráneos que Tarragona clausuró anoche ofrece luces y sombras. Para ser plenamente ecuánimes habrá que esperar al cierre de presupuestos y a las cifras que acabará arrojando el evento. En caliente sería injusto emitir un veredicto rotundo del resultado de los Juegos. Sí que es cierto que la percepción inicial hizo temer un desastre organizativo y participativo. La situación política que vive el país, con una división que contamina cualquier evento, no contribuyó en absoluto a generar un clima de unidad respecto a la celebración de los Juegos. Sólo faltó la sucesión de fallos organizativos, más anecdóticos que graves, y una polémica y mejorable ceremonia inaugural para hacer temer que Tarragona estaba al borde de convertirse en el hazmerreír nacional durante diez días. Pero sin duda, la foto que hizo más daño a la imagen de los Juegos fue la de las gradas vacías en los distintos escenarios donde se desarrollaban las competiciones. Los Juegos Mediterráneos no arrastran masas en ningún lugar y cabía esperar que Tarragona no fuera la excepción. La organización debía prever esta circunstancia y soslayarla con un plan de participación en el que debían involucrase los distintos clubs deportivos de la demarcación. El plan para involucrar a la ciudad fue muy débil cuando no inexistente, así como la promoción de Tarragona que la marca de los Juegos podía impulsar. A medida que avanzó la competición se ha podido comprobar que los Juegos podían haber sido un gran regalo para Tarragona a poco que se hubieran esmerado los puntos referidos. Los últimos días no ha habido fallos remarcables, las gradas de han mostrado lucidas y la satisfacción de atletas y publico ha ido creciendo. Cundo empezábamos a disfrutar de los Juegos se acaban. Cuando hemos empezado a ser conscientes de todo lo que los Juegos podían haber aportado, lloramos que se nos espacan de las manos. Habrá estado bien, pero podía haber sido mucho mejor. Una lección para que Tarragona aprenda de la importancia de planificar.

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