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¿Marcianos?

Setenta y dos millones de dólares. Es lo que lleva recaudado Chris Roberts para su proyecto de videojuego en línea Star Citizen
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Setenta y dos millones de dólares. Es lo que lleva recaudado Chris Roberts para su proyecto de videojuego en línea Star Citizen. Setenta y dos millones (y subiendo) a base de donaciones voluntarias –más de 750.000 pequeñas aportaciones de ciudadanos corrientes, como usted y como yo– para recrear un universo virtual que evoca la saga literaria de la Fundación, creada por Isaac Asimov. La misma saga que ha inspirado a emprendedores en serie como Elon Musk (fundador de PayPal y Tesla Motors) a lanzarse a la conquista de Marte con la creación de SpaceX, líder hoy en el transporte espacial privado, y que entre sus clientes habituales cuenta con la Estación Espacial Internacional.

Lo de conquistar Marte no es metafórico. Musk aspira a morir de viejo en el planeta rojo, como vecino de una colonia con decenas de miles de habitantes, fruto también aquí de la financiación colectiva. Un billete de ida a Marte (no se contempla el regreso) costaría el equivalente, según sus planes, a que una familia de clase media-alta occidental (si es que queda algo de eso) vendiese todos sus bienes en la Tierra para empezar la aventura marciana. Nada tan extraño. Es lo que hicieron los antepasados de Musk al emigrar a Sudáfrica.

Puede que les dejen fríos los videojuegos, y que lo de Marte lo vean como una absoluta locura. O, si lo prefieren, como una marcianada. La cosa es que siempre ha habido (y confiemos en que siempre habrá) gente dispuesta a liderar proyectos locos. Pero, a diferencia de hace nada, estos proyectos ya no necesitan de un mecenas millonario enloquecido. Nunca el poder de lo colectivo, de la suma de pequeñas aportaciones, había sido tan fuerte. Debemos tomar consciencia, y aprovecharlo. Y si no les convence lo marciano, busquen algo más terrenal.

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