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Opinion EDITORIAL

Más centralistas, más alejados

El repunte del centralismo en la sociedad española como reacción a la crisis catalana no facilitará la solución del problema 

 

Diari de Tarragona

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El Real Instituto Elcano sostiene que la crisis catalana ha tenido un «efecto claro» sobre las actitudes de los españoles ante el Estado de las autonomías, según los datos de su último barómetro, correspondiente a noviembre de 2017, del que se desprende que, desde 2015, ha disminuido el apoyo de los españoles a la actual distribución de competencias y han aumentado las posiciones «centralistas», favorables a un mayor poder del Estado. El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) apunta, sin embargo, algunos matices relacionados con el inicio y los efectos de la crisis económica. Si la pregunta fuera: ¿Es España hoy menos autonomista que hace una década? La respuesta sería que, claramente, así es. En 2009, el primer año en el que el CIS empezó a preguntar sobre las preferencias del modelo territorial con la fórmula que aún hoy emplea, el porcentaje de quienes se inclinaban por un Estado con un único gobierno central era del 12,1%. En diciembre de 2017, la cifra alcanzaba el 17,3%.
 La tesis de que la crisis económica tuvo un impacto evidente sobre la percepción del modelo de Organización Territorial ya fue apuntada recientemente a partir de los datos del CIS. Según esta teoría, durante esos años, la coyuntura económica produjo en Catalunya y España un efecto en cierto sentido inverso: en la primera disparó el independentismo (hipótesis que relativizaría el impacto real de la sentencia del Estatut) y en el conjunto de España alimentó la percepción de que las autonomías provocaban gastos duplicados e innecesarios.
En cualquier caso, esta evolución sociológica de la sociedad no ayudará a allanar el camino para resolver el problema catalán, porque los partidos estatales van a tenerla en cuenta a la hora de modular sus posicionamientos. Pero es también una evidencia más de la necesidad de buscar soluciones capaces de generar consensos amplios basados en el respeto mutuo, antes de que las actitudes más identitarias y excluyentes, que se retroalimentan en ambos bandos, continúen ganando terreno.

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