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Mirar hacia otro lado

Humareda negra, llamaradas y resplandor en el polígono químico. 'Todo normal', dice el Govern, mientras Ballesteros calla y el Nàstic se empeña en hacernos felices

Francisco Montoya

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Tarragona amaneció el lunes cubierta por una inquietante nube de humo negro. Foto: Lluís Milián

Tarragona amaneció el lunes cubierta por una inquietante nube de humo negro. Foto: Lluís Milián

Leo con estupor un tuit del Hospital Joan XXIIIque me recuerda, no sé si con sarcasmo, que ésta es «la setmana sense fum». Precisamente ésta. Dow Chemical y Repsol no debían de estar avisadas y nos despertaron el lunes con esa nube que me saturó el whatsapp de fotos y exabruptos.

Dice el Govern que podemos estar tranquilos. Que envió allí a unos técnicos de Medi Ambient a medir niveles de contaminación y estaba todo normal. Que vaya usted a saber si «normal» es mucho o poco, porque viendo el nubarrón, las llamas y el resplandor, cualquiera sabe. Pero «normal», en todo caso. Ocurre que la gente no se lo terminó de creer y se mostró en la red indignada.

El pedete de las antorchas volvió a desatar, por cierto, la creatividad de nuestros paisanos. Chistes y bromas no tardaron en aparecer. Triunfó especialmente un montaje que acusaba a mi protegido Tarracvs, en versión fumeta, de ser el causante de la humareda. No entiendo tanta inquina hacia la pobre mascota.

¿Yel alcalde?

Mientras, a estas alturas seguimos sin saber qué le pareció el episodio al alcalde, centrado como está en otros asuntos. El hospital, sobre todo. Su vigente obsesión, como si Ballesteros (alcalde desde 2007) se hubiera dado cuenta ahora de que el Joan XXIIInecesita una manita de pintura. Las prisas le entraron, parece ser, al día siguiente de las últimas detenciones por el caso Inipro, pues fue entonces cuando dio la primera rueda de prensa al respecto.

Que no le falta razón, bien es verdad, porque una ciudad como Tarragona merece un hospital digno. No hace falta que nos construyan una Enterprise como la que gasta el vecino, pero sí algo más apañado que lo actual.

El caso es que al alcalde le vino bien el hospital para que no se hablase tanto de Inipro hace unas semanas, y le ha vuelto a venir bien ahora para hacerse el despistado con el desliz químico, carraspear un poco (ejem, ejem) y mirar hacia otro lado.

Usted a lo suyo, conseller

En estas sale ayer el conseller de Salut a decir que, con lo del enterovirus, tardaron dos días en dar explicaciones para no generar alarma y que «volvería a actuar exactamente igual». Como si, en aquellas horas de silencio oficial pero rumores desatados, la alarma no hubiera existido.Uno puede defender que actuó de buena fe y puede explicar los argumentos que le llevaron a hacerlo así, pero cuando es evidente que la estrategia no le ha funcionado, es insultante insistir en que volvería a hacer lo mismo. Todo por no entonar el ‘mea culpa’. Bien. Usted a lo suyo.

‘Overbooking’ en las gradas

Hablando de mirar hacia otro lado, al Nàstic se le fue la mano el miércoles con las entradas, y a socios con asiento reservado les dijeron que no podían entrar, que el campo ya estaba lleno. A mí, que siempre había oído que el aforo era de 14.500, ya me extrañó que la cifra de espectadores fuese de 14.571. Pero el partido se terminó ganando, que era lo que importaba, así que lo dicho: a carraspear (ejem, ejem) y mirar hacia otro lado.

Y, ya que me sacan el tema (¿o lo he sacado yo?):qué sonrisa más tonta se nos ha quedado. Qué cara de alelados poníamos todos ayer jueves por la mañana. No hacía falta conocerse. No hacía falta ningún distintivo especial. Bastaban esos rostros de satisfacción exhausta para tener claro quién había estado la noche antes en esa catarsis llamada Nou Estadi.

Imagino que, a esta hora, a Antoni Mas, el célebre escultor de Vila-seca (padre de L’Àliga y Perpetuador de la última Santa Tecla, para más señas), ya le habrán encargado una réplica en bronce de José Naranjo, el héroe de una noche imposible de olvidar. El partido fue una castaña, para qué nos vamos a engañar, y les confieso que, poco antes de aquella obra de arte, servidor, optimista de mena (en mi colla castellera nadie habla conmigo los días grandes), había soltado eso tan tribunero de «creo que firmo el empate».

Una estatua para el chaval

Pero no. Llegó ese tiro libre forzado por Achille Emana (insisto, el mayor portento que yo recuerde haber visto pasar por la Segunda A) y llegó a continuación ese zapatazo de Naranjo, el de la estatua de bronce. Un chaval de 21 años que se inventó un derechazo violento a la par que plástico, rápido pero melódico, preciso al tiempo que pasional.

Que, en realidad, para entonces lo mismo daba:se trataba de ganar 1-0 y para casa, aunque fuera de rebote en la nalga en tiempo de descuento y en fuera de juego. Pero mejor hacerlo así, claro, con esa exuberancia, con esa ostentación de talento, con ese arrebato de genio. Y ese grito unánime, esos diez últimos minutos de locura, ese estallido final, ese paseo hasta casa... Tesoros perennes en la memoria.

Para no olvidar

Ya lo dije hace un par de meses, y lo repito hoy: guarden con cariño todo lo que este equipo les ha hecho vivir y sentir, y saboreen cada segundo de los próximos nueve días. Conserven cada instante y cada imagen. Y, por encima de todo, disfruten del viaje pase lo que pase. Luzcan con orgullo este escudo y presuman de él. Siempre. Fins al final.

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