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N-340, trampa mortal

Andreu Caralt

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Ya lo comenté meses atrás en un pequeño artículo de opinión y vuelvo a repetirlo ahora. Yo no conduzco por la N-340 entre L’Aldea y L’Hospitalet de l’Infant. No porque me guste la autopista ni sus abusivos peajes, injustificados en mi opinión, sino por la insoportable peligrosidad de este tramo de carretera nacional. Camiones a todas horas, ansiosos turismos dispuestos a adelantar lo más rápido posible, una calzada estrecha, fuertes rachas de viento durante muchos días del año, terceros carriles en la vía que aparecen y desaparecen, cambios de rasante...¿sigo?... caminos vecinales que acceden a la carretera, deficiente señalización horizontal...en 27 kilómetros, entre L’Aldea y L’Ametlla de Mar, 13 víctimas mortales de enero a septiembre.

¿Los ciudadanos de las Terres de l’Ebre debemos resignarnos a pagar peaje para garantizar nuestra seguridad? Estamos hartos, y hablo por muchos, de promesas y buenas palabras. Cómo se pueden destinar millones de euros en relucientes autovías en muchas zonas del Estado de un tráfico ridículo –he pisado más de una– y dejar este tramo a su suerte.

No me puedo creer que no haya dinero para acelerar de una vez el proyecto de construcción de la autovía A-7 en su tramo por las Terres de l’Ebre ni tampoco que sea tan difícil obligar a las camiones a circular bonificados por la autopista de peaje. Nuestros vecinos de Tarragona se quedan perplejos, no pocas veces, de nuestra vocación reivindicativa pero hay que recordar, y lo de ahora es una prueba, que el trato que padecemos es manifiestamente injusto. Y viene de lejos.

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