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'Netiquette'

La cosa es que hasta ahora he logrado ir 'delegando' la participación en los grupos de padres y madres en redes sociales. Pero la semana pasada ocurrió algo.
Whatsapp

Hace ya bastantes años, en tiempos de los primeros chats y muds, la prehistoria de Internet acuñó un concepto con el que se llenaron páginas de periódicos: la ‘netiquette’. Es decir, la etiqueta en la red. Les sonará, seguro. Escribir en mayúsculas es gritar. No se mandan correos electrónicos sin asunto en la cabecera. Al troll del foro, ni agua. Basta de ficheros adjuntos con bebés bailongos en formato gif.

¿En qué quedó todo eso? A la vista de lo que tenemos hoy, en poca cosa. Cuando los community managers han decidido que la mejor estrategia contra el ‘troleo’ ya no es aquello del ‘don’t feed the troll’ (no alimentes al troll), sino el ‘zasca al troll’ (vacílale al troll, quédate con él), llevar una vida libre de bebés y gatitos es cada día más difícil. Aquí no hay ‘netiquette’, esto es El club de la lucha. Y en estas estamos.

Puedo decir que hasta ahora he logrado mantenerme a cubierto de las cadenas de mensajes con ‘historias reales’ y de los vídeos virales ‘graciosos’, pero siento que el meme acecha, y que en cualquier momento me cazará. Como en Casa tomada, aquel cuento de Julio Cortázar en el que iban quedando menos habitaciones donde refugiarse, cada vez está más cerca.

La cosa es que (con cobardía, lo admito) hasta ahora he logrado ir ‘delegando’ la participación en los grupos de padres y madres en redes sociales, donde sé de buena tinta que, tras un mensaje estrictamente académico, puede aparecer de repente un vídeo ‘gracioso’ fulminante. Pero la semana pasada ocurrió algo. Me acaban de meter en un grupo de WhatsApp con mis antiguos compañeros de octavo de EGB. Sin beberlo ni comerlo, allí estoy. Dicen que quieren organizar una cena. Todo muy inocente, sí. Hasta que alguien ha colgado un vídeo. Lo ha hecho. ESTÁ EN MI MÓVIL.

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