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Ni hablar de subir impuestos

La recuperación económica es todavía más un ejercicio de optimismo político que una realidad tangible para el ciudadano

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El gobierno del Ayuntamiento de Tarragona ha decidido congelar las tasas y los impuestos municipales por tercer año consecutivo. No podía ser de otra manera. El mismo camino sigue el Ayuntamiento de Valls, que también ayer anunció la política de congelación fiscal e incluso de disminución impositiva en algunos casos. Es un ejemplo que deberían seguir todos los ayuntamientos. La factura anual de todos los recibos que llegan al ciudadano por vía municipal significa un auténtico fusilamiento económico. Sin duda, el tiro de gracia el es IBI por mucho que muchos ayuntamientos para mitigar los efectos mortíferos de este impuesto hayan decidido segmentarlo a lo largo del año. Es una manera de camuflar un impuesto que con la crisis del valor inmobiliario debería de modificarse con la pertinente revisión catastral. Todavía es más injusta la plusvalía. Afortunadamente algunos jueces han comenzado a hacer justicia y han anulado el pago de este impuesto en los casos de ventas por debajo de lo que se pagó en la compra. La coyuntura económica ha desmentido la esencia de este gravamen que ha dejado de tener sentido cuando en la transacción de un bien inmueble se han producido pérdidas. En definitiva la recuperación económica es todavía más un ejercicio de optimismo político que una realidad tangible para el ciudadano. Mientras no haya una recuperación verdadera, será mejor que ni sueñen los ayuntamientos en subir tributos.

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