Notas personales tras mi entrevista a Absacal. Simplismo frente a complejidad

Nuestra función. Pienso que el mejor servicio que podemos hacer los periodistas es hacer periodismo, o al menos, poner nuestro mejor esfuerzo para que así sea

GUSTAU ALEGRET

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El pasado fin de semana fue tendencia en España Santiago Abascal, el presidente de Vox. Lo fue por un fragmento de la entrevista que le hice unos días antes en el canal en el que trabajo en Washington, NTN24, un canal internacional de noticias. Abascal viajaba a Estados Unidos, y quiso hablar con algunos medios para promocionar su visita. Comparto algunas notas personales de mi conversación con él y de lo que luego se derivó.

La primera es la reflexión de si los medios debemos o no dar espacio a políticos con idearios como el de Vox. Cuando la persona que me avisó de la visita de Abascal a Washington y me propuso una entrevista tuve mis dudas. Conversé con mi equipo y decidimos que la mejor manera de responder era asumiendo el reto, preparando bien la entrevista con datos, con repreguntas a respuestas conocidas, para intentar tener una conversación con él que fuera más allá de que nos dijera lo que piensa o defiende. Retándole en sus argumentos, no cerrándole la puerta. Y así lo intentamos hacer. Argumentos, no censura. Y creo que de alguna manera lo conseguimos.

Los postulados del líder de Vox son argumentos no sustentados sobre evidencia sino sobre deseos

La segunda reflexión viene derivada de la primera. Cuando se difundió el fragmento de la entrevista que se hizo viral en España y otros países hispanohablantes, muchos aseguraban que en España no se podía hacer una entrevista así o que los periodistas no eran capaces de hacerla, acusándoles de blanquear a Abascal. Es cierto que he visto entrevistas suaves a Abascal en grandes cadenas españolas -«de masaje», como escuché describir una vez a un gran periodista de radio en Catalunya-, pero no comparto la opinión de que en España no se le puede hacer una entrevista dura a Abascal. Creo que el problema no es el periodismo en España sino Abascal y su entorno que conceden entrevistas a quien acepta condiciones limitantes, y no las conceden a quienes saben que no van a poder controlar. En mi caso, no fue porque no lo intentaron: hasta tres veces me pidieron que no fuera «duro con él»; incluso, minutos antes de la entrevista, un mensaje de texto me advertía «Gustau, tenemos que hablar o cancelaré la entrevista», y en la conversación que mantuve con la persona que me escribió y que acompañaba a Abascal escuché la misma petición.

Mi respuesta fue la que doy siempre: «yo entrevisto con respeto pero intentando presentar argumentos que reten».

La tercera es la impresión que me dio Abascal. Él se cree sus postulados aunque son argumentos no sustentados sobre evidencia sino sobre deseos. Abascal y Vox defienden políticas populistas que intentan responder de manera simplista a problemas complejos que hoy requieren de soluciones complejas y que en muchos casos no nos van a devolver a tiempos pasados que siempre se puede creer que fueron mejores. El mundo ha cambiado, las sociedades también y los retos que las acompañan requieren de políticos que digan la verdad a sociedades que responden con miedo a esos cambios inevitables. Abascal aprovecha ese miedo para prometer con populismo que en algunas ocasiones se construye sobre mentiras y que en general es simplista.

Las redes sociales han dejado de ser foros de discusión inteligente y respetuosa

Y mi última nota es para las redes sociales. Días antes de que se vitalizara el vídeo por parte de los detractores de Abascal, hubo un intento por parte de sus seguidores que no creció: otro fragmento de la entrevista se intentó utilizar para atacar al «periodista progre catalán» a quien, según los partidarios de Vox, Abascal le propinaba un «zasca», una respuesta cortante que lo dejaba en evidencia. Es interesante ver como unos y otros encontraron en la entrevista algo que les gustó y algo que los disgustó, lo cual -si me permiten- elogia al equipo que la preparó para intentar hacer el periodismo en el que creemos.

La viralización y uso partidista de unos y otros derivó, como pueden imaginar en estos tiempos de polarización, en insultos de ambos lados en Youtube y, especialmente, Twitter, lo cual me vuelve a confirmar que las redes sociales han dejado de ser foros de discusión inteligente y respetuosa. Están inundadas de bots, trolls y cobardes que se esconden en el anonimato para insultar y hacer ruido.

Sigo pensando que el mejor servicio que podemos hacer los periodistas hoy, en este entorno no siempre fácil, es hacer periodismo, o al menos poner nuestro mejor esfuerzo para que así sea.

* Periodista. Gustau Alegret, periodista, director de noticias en Estados Unidos de NTN24

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