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El irreprochable objetivo de la reforma electoral beneficia a los grandes partidos
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Hay que cambiar el modelo electoral porque algunos están muy vistos y otros están vistos para sentencia. El PP estudia corte y confección para imponer lo que se llevará en las pasarelas políticas, si es que a la formación no se la lleva el viento. Sus diseñadores proponen un traje multiusos que les caiga bien a todos, incluso a los jorobados por la larga crisis, que ya no tienen el cuerpo para chalecos. Por eso, el Ejecutivo apoya un sistema de doble vuelta, pero Susana Díaz les acusa de plagiarlos, ya que la idea la adelantó ella. El caudal de la invención humana es bastante exiguo y la moda, que en definición de Coco Chanel es lo que no puede pasar de moda, se repite con variantes del mismo tema. Mucha tela queda por cortar.

Lo más original que se le ha ocurrido a Susana Díaz sería al mismo tiempo lo mejor para todos, excepto para ellos: que los parlamentarios andaluces tengan la dedicación exclusiva. Quien sirva al altar, que viva del altar, pero que no se lleven para sus casas, ni para las Casas del Pueblo, nada que pertenezca al ara donde celebran sus ritos políticos más rentables. La ilusionante propuesta de la incompatibilidad puede frustrar muchas vocaciones. De momento, el PP y CiU ya han anunciado que se opondrán.

El irreprochable objetivo de la reforma electoral beneficia a los grandes partidos, que si bien se mira, no son tan grandes. Los que eran pequeños han aumentado últimamente y en el circo nacional se nota mucho el crecimiento de los enanos. Ya todos alcanzan una estatura semejante y los que eran más chicos que un grano de avena se han transformado en un grano en el cogote de los grandes partidos, que además tenían tortícolis. La Moncloa ve razonable una segunda vuelta para ayuntamientos y autonomías. Hay que saber elegir, que es escoger entre lo que se nos ofrece. Por desgracia no es posible decidirse por algo que no está en el mercado, pero está muy bien tener derecho a equivocarse y además ejercerlo.

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