Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Más de Opinion

Pedro Sánchez el baloncestista

Rafael Servent

Whatsapp

Lo relevante del encuentro de ayer entre Pedro Sánchez y Carles Puigdemont: que hubo encuentro. Visto lo visto en los últimos años, eso ya es noticia. Incluso notición. Dos personas con agendas políticas bien distintas se citan para un encuentro institucional público, se saludan, se sacan unas fotos y hablan un rato. Poco más. Y nada menos. En tiempos de cordones sanitarios, líneas rojas y frentismos, es un movimiento político al que prestar atención. La política empieza a funcionar, aunque sea a la fuerza. Forzada por los votos y la representatividad que otorgan.

El mismo día en que el Congreso de los Diputados arranca su actividad ordinaria con la votación de las proposiciones de Ciudadanos y el PP en defensa de la unidad de España, Pedro Sánchez se saca una foto por la mañana en Barcelona, visitando al presidente de la Generalitat de Catalunya y proclamando el «deshielo».

Pedro Sánchez es de baloncesto. Sabe que, si quieres conservar la pelota, hay que ir cambiando de mano. Que a veces no queda más que pivotar, y que hay muchos partidos que se ganan y se pierden con un último tiro sobre la bocina. Pivotar es una foto por la mañana en Barcelona y una votación por la tarde en Madrid. En todo caso, es novedad.

Lo esperanzador del encuentro de ayer en Barcelona: que quizás Pedro Sánchez llegó a reconocer, en privado, que le habían colado en su discurso una «crisis de convivencia» que no es tal. Y que no es honesto ni prudente atribuir esa supuesta crisis a una sociedad como la catalana, donde la integración se ha hecho directamente por la vía conyugal.

Temas

  • OPINIÓN & BLOGS

Comentarios

Lea También