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Playas sin motor

El debate no es sólo entre playas tranquilas o con ruido y olor de motores, sino también entre sostenibilidad y un modelo de negocio

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FOTO: LLUÍS MILIÁN

FOTO: LLUÍS MILIÁN

Playas tranquilas o con motos de agua? La polémica vuelve con la intención del Ayuntamiento de Tarragona de habilitar varios puestos de alquiler de embarcaciones a motor en las playas. Las motos de agua de alquiler podrán volver a las playas. Los ecologistas anuncian movilizaciones y vuelven a poner en el foco la discusión de para qué son las playas y cómo se deben cuidar tratando de garantizar el derecho de todos. La discusión no es baladí. Las embarcaciones a motor, y especialmente las motos de agua, son uno de los elementos preferidos por el sector turístico náutico porque son un negocio importante. Para muchos bañistas, y en especial para el turismo, el atractivo de las motos y otros entretenimientos náuticos a motor es indudable. Las motos de agua acaparan el mercado de alquiler, con una cuota del 40,6% en 2016, según la Asociación de Empresas Náuticas. Pero la gente tiene derecho a descansar en la playa, sin el ruido permanente de los motores, propio de las calles. Este tipo de entretenimiento, a diferencia de pedales, tablas y veleros, atenta contra la sostenibilidad de las playas, que el propio Consistorio ha defendido con la protección de la tortuga boba, la restricción de aparcamiento en Llarga y las limitaciones a los chiringuitos y a los conciertos que organizan. Un turismo más sostenible y de mejor calidad precisa de actividades náuticas, pero que no atenten contra las propias playas y los derechos del resto de usuarios.

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