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Podemos, con los pies en el suelo

'Podemos' es sólo un movimiento de protesta, de raíces espontáneas
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Estaba tan asentada la idea de que el mapa de partidos políticos del Estado español se había estabilizado definitivamente y de que aquí no habrían de llegar los movimientos antisistema y radicales de diverso pelaje que tanto abundan en Europa, que el surgimiento del ‘Podemos’ ha generado una verdadera conmoción política e intelectual, como si tras la fuerza emergente hubiera un maquiavélico plan revolucionario urdido no sabe dónde ni para qué aviesos designios. En Cataluña, se ha afirmado -lo ha dicho Josep Rull, coordinador general de CiU- que es el ‘caballo de Troya’ del proceso separatista y se le ha comparado con Lerroux; en todas partes, se ha asegurado que esta fuerza pujante pretende desgajarnos de Europa y convertirnos en el objeto de algún experimento sin contrastar.

La realidad es sin embargo muy simple: ‘Podemos’ es simplemente un movimiento de protesta, de raíces probablemente espontáneas, que ha surgido a partir del gran malestar suscitado por la insolvencia de las formaciones tradicionales para gobernar España/Europa; para afrontar a todos los niveles la crisis económica de 2008 surgida del corazón neoyorquino del sistema financiero internacional; para recuperar los equilibrios perdidos sin condenar a la marginalidad a grandes capas de asalariados que han sido expulsados al subempleo o el desempleo; para sortear las tendencias oligárquicas del capitalismo y evitar la corrupción; para establecer un saneado pluralismo capaz de regenerarse constantemente y hacer evolucionar a los países hacia la modernidad. En definitiva, ‘Podemos’ ha sido el síntoma esencial de un gran fracaso no del sistema democrático en sí -continúa siendo cierto el aforismo de Churchill según el cual la democracia es el peor de los sistemas a excepción de todos los demás- sino de quienes han pervertido su funcionamiento y han puesto trabas a la representación, al equilibrio de poderes, al sistema de controles internos que debían haber preservado la integridad del modelo. En este sentido, ‘Podemos’, muy semejante en casi todo a Syriza, no es muy distinto en la génesis ni en la teleología del Frente Nacional francés ni de las demás organizaciones radicales de protesta que, con insolencia y como en el cuento de Andersen, se han atrevido a decir en voz alta que el rey está desnudo. Lo que hay no funciona y es por tanto legítimo improvisar algo nuevo: éste es el argumento sintético sobre el que se sostiene la rebelión.

¿Y qué es lo que no funciona? Básicamente, los partidos políticos. Que han sido incapaces de graduar los consensos y los disensos, de gestionar un modelo básicamente bipartidista basado en la tolerancia y en el respeto al adversario.

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