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Populismo griego

La crisis del país heleno ha sido provocada por los partidos convencionales, que se han comportado desastrosamente
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El relato que hacen algunos políticos de la crisis económica es un modelo de desparpajo. La doble recesión sería, si hubiéramos de creerles, obra del PSOE, que estaba en el gobierno en 2008. La burbuja inmobiliaria, fundada por Aznar, sería un contratiempo espontáneo. Las recetas que se aplicaron en un primer momento serían fruto de la impericia socialdemócrata, cuando era el G-20 el que las dictaba, y fue Zapatero el que en 2011 aplicó los primeros y drásticos recortes. Pero la manipulación y los sofismas no terminan aquí, y ahora resulta que la crisis griega es obra de los populistas de Syriza, con Tsipras al frente. Cualquier mediano entendedor sabe que la crisis del país heleno ha sido provocada por los partidos convencionales, que desde hace lustros se han comportado desastrosamente, fomentando y acogiendo la mentira estadística, patrocinando la corrupción más descarada y dando pruebas de una incompetencia mayúscula en la gestión de los dos rescates solicitados. Sólo al fracasar Nueva Democracia (centroderecha) y el Pasok (centroizquierda), los griegos han recurrido con desesperación a la opción radical que Syriza representaba. Y ha tenido que ser su líder quien se ha desprovisto de los dogmatismos y ha actuado conforme al interés general. No es muy sensata su conducta, que ha provocado como es natural la fractura de su partido, pero al menos abre una vía de esperanza. Algo que sus predecesores fueron incapaces de conseguir.

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