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Prestamistas abusivos

Algunas familias caen en la trampa de la oferta del dinero en mano rápido
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Las restricciones del crédito bancario impuestas y las angustias económicas generadas por la crisis a infinidad de familias han hecho florecer estos últimos años las ofertas de prestamistas a menudo simplemente pícaros y casi siempre abusivos. Estamos hartos de escuchar en las radios y leer en los periódicos ofertas tentadoras de soluciones financieras para responder con mayor comodidad a las obligaciones propias de cada final de mes de muchas personas: pago de hipotecas, plazos del coche o electrodoméstico, tarjetas de crédito. etcétera. Una forma dramática de enriquecerse con la necesidad ajena.

Las cuentas y soluciones que ofrece la publicidad de los prestamistas son tentadoras sobre el papel. La propaganda no advierte de las condiciones, que son leoninas: aunque los trámites resultan sencillos, todo se reduce a la firma de unas garantías -casa, propiedades, incluso coche-, unos plazos muy estrictos y unos intereses desorbitados. Pero nadie da euros a diez céntimos y pasados los primeros meses y gastado el dinero del crédito, incrementado por los intereses que a veces superan el 25%, muchos vuelven a verse doblemente ahogados y no pueden responder.

Como todo es legal, regulado por disposiciones sobre el prestamismo con cien años de vigencia, cuando se producen incumplimientos, la reacción de los prestamistas es implacable. Los beneficiarios de los créditos rápidos y fáciles se encuentran con la inversión de la amabilidad en amenazas y actuaciones judiciales que la letra pequeña de los contratos firmados avalan ante los jueces. Un buen número de los desahucios que se efectúan en España responden a estos créditos. También los hay, por supuesto, promovidos por los bancos convencionales ante los impagos hipotecarios. Pero las entidades bancarias suelen ser menos drásticas y, aunque parezca extraño, más comprensivas.

A menudo ofrecen alternativas y negociaciones que en el caso de los prestamistas abusivos, como se les conoce en el argot financiero, no se admiten. Los prestamistas buscan soluciones rápidas que, en el mejor de los casos ceden en una prórroga con un nuevo incremento de los intereses; solo temporal porque al final acaban ahogando tanto que en la inmensa mayor parte de los ejemplos acaba con la incautación de los bienes afectados.

Es inconcebible que este mercado, que tiene mucho de corte medieval, no está mejor regulado en España y que se siga dejando hacer sin prestarle atención. La necesidad de liquidez de algunas familias o pequeños negocios caen en la trampa de la oferta del dinero en mano rápido y luego surgen los problemas. Algunos desaprensivos del negocio ya son conocidos e incluso más de uno fueron denunciados por los medios de comunicación. Pero todo es inútil: denuncias y demandas contra esas prácticas deshonestas se estrellan ante tan anacrónica legalidad.

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