Primera semana superada

Movilidad. La gran mayoría ha cumplido con las restricciones en unos días difíciles y en los que todo ha quedado cancelado

Francesc Gras

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Francesc Gras.

Francesc Gras.

Ya hemos superado la primera semana de confinamiento. Mentiría si dijera que afronto estos próximos siete días con optimismo. Más bien lo contrario. Será cosa del Dragon Khan anímico que los especialistas explican que ocurre cuando se está recluido, pero la verdad es que ahora todo se me hace cuesta arriba. La restricción de la movilidad es muy necesaria pero nada llevadera. Aunque nada comparado con las odiosas cifras que conocemos a diario de fallecidos e infectados por coronavirus. 

Pero por suerte, en esta maldita crisis sanitaria también estamos descubriendo lo mejor de la sociedad. Salvo algunas excepciones (siempre los hay que deben dar la nota) la mayoría de la ciudadanía cumple a rajatabla el confinamiento. Por ejemplo, hace un par de días, el compañero Raúl Cosano recogía que el tráfico de gente en Reus había caído un 82%. O sea, que las calles están desiertas y más silenciosas que nunca. Algo que nadie hubiera llegado a imaginar un mes atrás. 

Imagen de una desértica plaza Llibertat. FOTO: A. González

Más allá de hacer los deberes en materia de confinamiento, muchas personas también están mostrando su lado más solidario llevando comida a casa de las personas mayores o confeccionando mascarillas como el grupo de costureras de Tarragona. Por no hablar de los sanitarios (desde aquí mi más sentido reconocimiento) que a diario se enfrentan a un tsunami sin precedentes.

Medidas anticoronavirus

La semana que dejamos atrás también ha supuesto nuevas cancelaciones como todos los actos de Semana Santa. El Ayuntamiento de Reus, por su parte, ha ido desgranando las medidas que aplicará para reducir la propagación del Covid-19 y hacer más llevadero su terrible impacto futuro. 

Suspensión de los impuestos municipales (pasarán a pagarse en un mínimo de tres meses), de la zona azul, de la cuota de las guarderías públicas o el incremento de la comida a domicilio en materia de servicios sociales. 

El consistorio tenía que reunirse el miércoles con Adif para tratar el apeadero de Bellissens

Las primeras medidas las explicó el alcalde Carles Pellicer el pasado miércoles día 18. Curiosamente, ese mismo día el alcalde tenía agendado reunirse en Madrid con Adif para hablar sobre el apeadero de Bellissens. Tenía que ser un encuentro clave para negociar su futuro, ya que Adif tiene al fin listo el estudio de demanda para su construcción. 

Eso habría sido en condiciones normales, aunque no deja de sorprender el ‘gafe’ que acarrea en estos 20 años de reclamaciones, y que ahora parece que serán muchos más. A su exclusión de los presupuestos, el último fracaso se produjo con el cambio de Gobierno que obligó a reiniciar, por enésima vez, los contactos para su ejecución. El caso del apeadero de Bellissens es un ejemplo más de los devastadores efectos del Covid-19, aunque algún lejano día, cuando recuperemos la normalidad, deberá ponerse otra vez sobre la mesa. Y no sólo Bellissens, sino también las otras infraestructuras básicas para un territorio que requerirá de todo lo que esté en su mano para tirar adelante.

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