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¿Qué pasa con Evergrande y China?

El enfriamiento del sector inmobiliario puede afectar al 30% del PIB de China

Santiago Martínez Morando

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¿Qué pasa con Evergrande y China?

¿Qué pasa con Evergrande y China?

Evergrande es un gigante inmobiliario de apenas 25 años de existencia que simboliza los excesos del crecimiento chino en las últimas décadas. Su fundador, Xu Jiayin, llegó a ser el hombre más rico del país, convirtió la empresa en una de las más endeudadas del mundo y la expandió a otros negocios, incluyendo el futbolístico.

Las dificultades de Evergrande a la hora de afrontar sus pagos en las últimas semanas han generado el temor a que cause un efecto dominó hacia otras inmobiliarias y el sistema financiero. Ha hecho fortuna la expresión del “Lehman chino”, si bien, hay notables diferencias con el desencadenante de la gran recesión. En este caso, es probable que se reestructure la deuda de Evergrande y que el gobierno chino se implique si hay turbulencias o amenazas para la estabilidad financiera (ya ha acudido al rescate en otras ocasiones, la más reciente a Huarong, a cuyo presidente ejecutaron en enero por soborno, malversación y bigamia). 

El tamaño de Evergrande no es suficiente para provocar una crisis sistémica. La cuestión es si se trata del canario en la mina que revela el envenenamiento del sector inmobiliario después de que el Gobierno introdujera medidas restrictivas el año pasado con la intención de evitar una burbuja. Atendiendo a las métricas de otras compañías, la situación de Evergrande parece más la excepción que la regla. También hay que tener en cuenta que el crédito promotor e inmobiliario supone un razonable 9% del crédito total en China (en España en 2008 era el 25%), y que a diferencia de Lehman y el subprime de EE.UU., la exposición a los activos chinos en el extranjero es limitada. Menos de un 7% de la deuda de Evergrande está en manos foráneas. 


El enfriamiento del sector constructor e inmobiliario es una muy mala noticia para China, ya que ejerce un enorme efecto arrastre sobre ramas industriales y de servicios ligadas al mismo. Puede afectar al 30% del PIB. Además, se trata de un sector muy intensivo en trabajo y el sector servicios, que no ha terminado de superar la pandemia, difícilmente absorberá el desempleo generado.

 
Esto nos lleva a un escenario en el que China crecería por debajo del 5%, lo que a su vez frenaría el ciclo mundial, con especial incidencia en Asia y en los productores de materias primas (ya ha empezado a sentirse en las más relacionadas con la construcción, como el acero). Recordemos, por otra parte, que la desaceleración de la economía china en 2015-2016 (ligada en parte al sector inmobiliario pero sobre todo al desmantelamiento de la industria pesada) repercutió más sobre los precios mundiales que sobre el crecimiento. 

Afectaría a nuestro país por el frente de las exportaciones (un 3% del total,  más los efectos indirectos debidos a la desaceleración de otros países). Pero podría traer también beneficios por el abaratamiento de las materias primas tras las recientes tensiones. Paradójicamente, una fuerte desaceleración de China, siendo un escenario desfavorable, podría evitar uno más peligroso: que se enquiste la inflación actual trasladándose a las expectativas de precios y a los salarios, lo que podría llevar a una subida de tipos de interés peligrosa para un mundo aún más endeudado al salir de la pandemia. 

Convendrá vigilar la opaca situación del gigante asiático. Tras el éxito de las últimas décadas hay cierta sensación de infalibilidad en las políticas del PCCh, pero su cada vez mayor intervencionismo puede estar provocando una mala asignación de recursos, y ningún Estado, por muy grande que sea y por mucho control que ejerza, puede esquivar indefinidamente las leyes de la economía. 

Santiago Martínez Morando es jefe de Análisis Económico y Financiero de Ibercaja

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