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Opinion EDITORIAL

Queda mucho por aclarar

La necesaria mejora en los sistemas de protección antiterrorista no puede hacernos caer en chapuzas que sólo conducen a alimentar la psicosis colectiva

Diari de Tarragona

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Pilonas de hormigón para proteger los accesos al Camp Nou de Barcelona. EFE

Pilonas de hormigón para proteger los accesos al Camp Nou de Barcelona. EFE

Los Mossos d’Esquadra seguían ayer con las pesquisas para esclarecer todo el operativo que desembocó en los atentados de Barcelona y Cambrils. La policía catalana, juntamente con la Guardia Civil, llevó a cabo nuevos registros en Ripoll y Vilafranca del Penedès, mientras los cuatro detenidos en la operación policial declaraban ante la Audiencia Nacional en Madrid, que es el tribunal competente en materia de terrorismo. El testimonio de los presuntos terroristas supervivientes debe resultar fundamental para esclarecer todo el operativo criminal, cómo se llevó a cabo la captación de los jóvenes, cuáles eran realmente sus objetivos y también cómo consiguieron la cobertura logística y la financiación para perpretar los atentados. Ciertamente estamos hablando de terrorismo low cost, pero tampoco es a coste cero. Presumiblemente llevaban meses planeando la acción. Ello significa viajes (hace unos días estuvieron en París), manutención, alquileres de vehículos, cuando no coches de alta gama de propiedad. El recurso a ‘armas’ no convencionales como pueden ser furgonetas, bombonas de butano o meras navajas obedece más a una estrategia para no levantar las sospechas policiales que a un problema de financiación. El trabajo necesario tras la triste experiencia nos obliga a profundizar en el seguimiento y control de los focos de riesgo de captación yihadista. En este caso el fallo fue clamoroso al no detectarse el activismo del imán de Ripoll, un individuo con antecedentes y con una orden de expulsión que no se llegó a concretar. Por último no podemos obviar la necesaria mejora en los protocolos de prevención terrorista, sin caer en alarmismos ni en acciones chapuceras que parecen más encaminadas a postureo de cara a la galería que a lograr auténticas medidas de seguridad. Es evidente que el riesgo cero es imposible cuando la locura terrorista adquiere dimensiones inimaginables. Cualquier cosa sirve para matar cuando el asesino opera desde el fanatismo. Ello no puede inducirnos a la psicosis colectiva, que es lo que están buscando los terroristas. 

 

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