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Sálvese quien pueda... pagarlo, claro

Asombra, molesta e indigna el descaro con el que estos supuestos servidores públicos han defendido su prioridad para pasar por encima de las cabezas del prójimo

ÁLEX SALDAÑA

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Sálvese quien pueda... pagarlo, claro

Sálvese quien pueda... pagarlo, claro

Aún no teníamos las vacunas y ya preparábamos el protocolo, a pesar de nuestra endémica tendencia a la improvisación. Pero sí, sabíamos que primero se vacunaría a los abuelos de las residencias y a sus cuidadores, para pasar después, por este orden, a los médicos y sanitarios que luchan en primera línea contra el virus, a los policías y bomberos, a los profesores y maestros… y luego, ya, a grupos de edad, por orden descendente, y a todos los demás. La esperanza era que las dosis de las vacunas llegaran a millones y que nos inocularan de forma rápida para salir de esta pesadilla. Pero hete aquí que no contábamos con que este es un país de vivos donde siempre se ha utilizado el dinero o los cargos, por insignificantes que parezcan, para sacar tajada y obtener privilegios.

Y así hemos visto a alcaldes, consejeros, directores, obispos, generales e infantas que, con una u otra artimaña y esgrimiendo excusas de lo más variopintas, han utilizado su poder, su posición o su dinero –o todo a la vez– para saltarse la cola. Asombra, molesta e indigna el descaro con el que estos supuestos servidores públicos han defendido su prioridad para pasar por encima de las cabezas del prójimo. Nos dijeron que de esta crisis saldríamos mejores, pero me temo que hay quienes entendieron que primero saldrían los mejores: ellos, por supuesto.

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