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Theresa May, la vieja England

Con la señora May regresa al poder la vieja England, temerosa de perder su identidad nacional que hizo grande el colonialismo

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El drama en que sumió a Gran Bretaña el referéndum sobre la Unión Europea de hace tres semanas alcanzó ayer una cima inesperada: la señora Theresa May fue designada primera ministra del Gobierno de Su Majestad por el bloque (mayoritario) conservador en sustitución del dimisionario David Cameron, autor del desaguisado por su incapacidad para intuir que una mayoría de sus compatriotas querían largarse de la UE lo más pronto posible. Entendían, obedeciendo al corazón más que a la cabeza, regresar al ‘Saxondom’ (algo así como la ‘tierra de los sajones’), un concepto que medio funcionó en el siglo XIX, cuando Gran Bretaña era la potencia imperialista y colonialista por definición. La señora May tiene la habilidad, la hoja de servicios y la inteligencia para ser primera ministra, aunque no la haya votado directamente el público. Tiene 59 años, es hija de un pastor anglicano, conservadora por convicción y, sobre todo, ‘cameronista’, tanto que su éxito se explica porque un agradecido Cameron le dio la relevante cartera de Interior hace seis años para retribuir su impagable colaboración en la lucha interna del partido para hacerse con su control. Con la señora May regresa al poder la vieja England, temerosa de perder su identidad nacional, en cuanto que tenedora de una deuda bien ejemplificada en el célebre «Inglaterra me ha hecho así», de Graham Greene, una suerte de último estertor de un colonialismo felizmente caducado.

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