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Tirar la piedra y esconder la mano

No hace falta ser un lince en finanzas para darse cuenta de que algo falló en Bankia
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No hace falta ser un lince en finanzas para darse cuenta de que algo falló en Bankia cuando mientras presentaba unas cuentas con casi 300 millones de beneficios, pedía dinero a 300.000 pequeños ahorradores y sólo unos meses después era intervenida (tras alcanzar 3.000 millones de pérdidas) y pedía un rescate de más de 20.000 millones.

La estafa ha sido descrita en un informe de más de cuatrocientas páginas elaborado por dos inspectores del Banco de España por encargo del juez instructor de la Audiencia Nacional, Fernando Andreu, que lleva el caso. El documento sostiene que las cuentas, con diversos errores contables, se hincharon en casi 4.000 millones para salir a Bolsa en julio de 2011 y que se orquestó un montaje para que empresas endeudadas con el propio banco cubrieran el tramo mayorista y así embaucar mejor a miles de pequeños inversores, 347.000 en concreto. Graves acusaciones que de ser ratificadas por el juez conllevarían condenas por diversos delitos, entre ellos, falsedad contable y de la información contenida en los folletos de emisión.

Lo curioso del caso es que el Banco de España se ha apresurado a desmarcarse del contenido y las conclusiones del informe pericial sobre las cuentas de Bankia. El regulador ha precisado que los dos peritos fueron nombrados por el juez y que su criterio no compromete a la institución que gobierna Luis María Linde. No fuera caso que a alguien se le ocurriera preguntar dónde estaba el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) mientras se perpetraba ese gran fiasco.

Craso error. Por mucho que nuestros representantes políticos, reguladores, supervisores y banqueros insistan en que nuestro sistema financiero está saneado, el convencimiento de que errores como ese pueden volver a repetirse seguirá intacto mientras todas las instituciones que fallaron en prevenir este fraude bursátil masivo y otros como los relacionados con las preferentes, no asuman sus responsabilidades y a los defraudados se les restituya su dinero. De nada sirve tirar la piedra y esconder la mano.

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