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Rencores

Leo la carta del Sr. Juan García publicada en ‘La voz del lector’ del 7 de mayo, «Tarragona, o cómo mirar las cosas del pasado con un solo ojo» relativa a la vigente Ley de la Memoria Histórica del 2007. Su punto de vista es que parece que pretenden volver, 80 años después, al resentimiento trágico de nuestra vergonzosa Guerra Civil. Se quiso zanjar durante la transición con la llamada política de Reconciliación Nacional. Se aprobó la mención presentada por la CUP, ERC e ICV en nuestro Ayuntamiento en la que se acordó acudir a los tribunales para que se juzgue al franquismo por crímenes contra la humanidad cometidos en nuestra ciudad.

¿Nadie juzga las atrocidades cometidas por los milicianos revolucionarios republicanos sobre los años 1936 y 1937? ¿Han comprobado los asesinatos de aquellas partidas asesinas? ¿Lo saben? El odio a la religión, el asesinato de sacerdotes, religiosos y monjas, la destrucción y saqueo de iglesias y obras valiosas, tal como hacen actualmente los bárbaros del Estado Islámico y de los cuales nos asombramos.

Hemos olvidado las atrocidades que cometieron en Tarragona, en 1936 y 1937, Josep Recasens Oliva, «El sec de la matinada». O Pascual Fresquet Llopis, tristemente célebre de la «Brigada de la Mort» y sus 40 militantes de la FAI, que procedentes de Barcelona llevaron la muerte por las poblaciones por las que pasaban, asesinando a religiosos y creyentes.

O el caso del obispo Borrás, que la Generalitat ignoró una vez preso y asesinado por los anarquistas. En nuestra ciudad, en los conocidos «Fets de Maig» de 1937, hubo un enfrentamiento a tiro limpio entre comunistas y anarquistas y POUM. Unos desde una casa que existía en la actual Hacienda, y otros en una casa que hay en la calle Fortuny esquina con la Rambla, delante del quiosco. El convento de Santa Clara fue incendiado totalmente.

En el puerto, el vapor Río Segre sirvió de cárcel o prisión flotante, y de allí sacaban a los presos para asesinarlos. Olvidemos los rencores nacidos de aquella fratricida guerra entre hermanos y consigamos una España en paz, sin olvidar los caídos a ambos lados.

F. Ortiz de Pinedo Mendiluce

(Tarragona)

Aclariment

Senyor director, en primer lloc, us agraeixo l’atenció puntual que el Diari dedica a les activitats que s’estan portant a terme arran de la commemoració del 75è aniversari de la mort d’Eduard Toda, uns dels més destacats fills il·lustres de Reus. Permeteu-me, però, que us digui que jo no «vaig inaugurar» l’exposició que s’ha obert a l’Arxiu de Reus, atès que la inauguració va ser presidida dels regidors Joaquim Enrech i Montserrat Caelles.

La meva col·laboració en la realització i en l’acte inaugural de la mostra documental i bibliogràfica es limità a l’assessorament biogràfic i històric referent a Eduard Toda i Güell i als seus parents materns més pròxims. Aprofito l’avinentesa per rectificar el títol del diari madrileny que va dirigir Josep Güell i Mercader i en què va col·laborar el seu nebot Eduard Toda: no era El Debate (un diari d’orientació catòlica, aparegut ja al segle XX), sinó La Discusión (de fundació més antiga i ideològicament ben diferent). És clar que vaig patir un lapsus derivat de la sinonímia dels dos mots.

Jaume Massó Carballido

(Arqueòleg i historiador. Reus)

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