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La MENTIRA (en mayúsculas)

Mentir es pecado, nos inculcaban desde párvulos hasta que accedíamos a la Universidad. Como pecar era una cosa muy gorda (el octavo mandamiento) y lo teníamos interiorizado, nos guardábamos muy mucho de incurrir conscientemente en falsedades.

Como consecuencia de esta característica propia de nuestras generaciones, la formalidad y el trato fácil y directo con nuestro entorno nos hizo crecer más deprisa y asumir responsabilidades a edades más tempranas. Quizás nos pasamos y nos perdimos un montón de cosas de las que ahora disfruta la juventud. O quizás sean ellos los que se pasan, apalancándose en sus casas a cuenta de sus sufridos progenitores.

En cualquier caso la sociedad en este tema ha dado un giro radical y la MENTIRA ha pasado a ser la norma, en lugar de la excepción. Y no me refiero a pequeñeces cómo decirles a los padres que has pasado la noche estudiando en casa de unos amigos, sino a grandes mentiras que pueden llegar a influir en comunidades y países enteros.

Líderes políticos de países punteros en el mundo, reconocen que con sus mentiras han sido capaces de sacar a un montón de millones de británicos nada menos que de la Unión Europea y lo hacen sin pestañear, pese a las consecuencias que los ciudadanos tendrán que asumir.

En España las corruptelas, que son una variante maquiavélica de las mentiras, nos han llevado a un callejón sin salida, o salida en falso, que nos tiene sumidos en el caos, sin esperanza en el futuro y al que solo los muy valientes o los muy conectados se atreven a enfrentar.

Parecido, pero distinto, ha ocurrido aquí. Desde párvulos hasta la Universidad y en la Universidad también, la Gran Mentira auspiciada por el ex-honorable, ha creado doctrina suficiente para tenernos ideológicamente enfrentados unos y otros, durante un tiempo incierto, pero no corto, con consecuencias insospechadas para todos.

Si Rafael de Casanovas supiera que le han nombrado el mártir del secesionismo se revolvería para aclarar que de mártir nada y si mucho de defensor en Barcelona, de la opción monárquica de los Austrias frente a la de los Borbones. Eso es todo. Mejor volvamos a aborrecer la MENTIRA.

Jordi Vidal

(Tarragona)

Ningunear a la patrona

Es curioso leer los artículos de Salvador Aragonés, periodista y profesor emérito según se define, por el rencor acumulado hacia todo lo que siendo catalán no es de su cuerda, con lo que se le ve el plumero en cada ocasión que nos brinda sus comentarios.

No me meto en cosas religiosas, pero este periodista nos tira en la cara sus querencias, cuando hoy mismo en el Diari menciona qué pasaría en Reus-Misericordia, Tortosa-Cinta, y así Zaragoza-Pilar, Madrid-Almudena etc., cuando en Tarragona acabamos de celebrar una de las mejores fiestas del país, dedicada a la patrona Santa Tecla, lo que al parecer este periodista ignora, no sé si por resentimiento u otro sentimiento oculto, quien sabe.

Josep Ferré

(Tarragona)

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