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Trato especial

Lo que hay que aclarar es el asunto de los privilegios fiscales, o sea, del maldito parné
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No es cierto que el racismo se cure viajando y el nacionalismo leyendo. Son dolencias cuya etiología se pierde en la noche de los tiempos, que fue siempre oscura. En la Biblia se hablan tanto de tribus como del crujir de dientes y otros castigos odontológicos. Siempre salen malparados los extranjeros, palabra que el diccionario define como natural de un país que no es propio. La muerte de un vendedor ambulante senegalés de 50 años durante un registro policial en Salou ha provocado enfrentamientos entre mossos y manifestantes. Un triste episodio que nos recuerda el drama de Ferguson, allá en Misuri, donde ya van por 1.089 muertos. Una batalla muy desigual, ya que todos los difuntos son negros. Quienes llevan la sombría estadística dicen que tres personas al día han dejado de serlo en Estados Unidos durante el último año. En los Estados Unidos hay casi tantas armas cortas como habitantes deseosos de usarlas, una vez metido en gastos, pero en Salou no hay problemas de racismo, lo que hay son conflictos de color político. El alcalde de Lleida, antes Lérida, acaba de decir que «Cataluña es una nación y así se debe reconocer». Allá ellos y allá nosotros, porque vamos a perder todos, pero lo que hay que aclarar es el asunto de los privilegios fiscales, o sea, del maldito parné.

Comer aparte y al mismo tiempo meter la cuchara en el plato común puede ocasionar situaciones desagradables. Deben ponerse de acuerdo los invitados y los anfitriones en la composición del menú, no sea que no haya para ninguno. Ni para los que quieren seguir siendo iguales, ni para los que se empeñan en ser diferentes. Cuenta Albin Toffler el cruel experimento de un antropólogo que cuando nació una camada de pollitos tiñó uno de verde. Lo mataron a picotazos los demás. Rechazaban al diferente, pero aquí el distinto somos los dos y el intruso son los pobres. En Salou o en Ferguson.

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