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Tropezar en la misma piedra

Habrá que vigilar que las hipotecas sólo cubran una fracción del valor tasado de la vivienda y que se acredite la solvencia

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Vuelve la construcción: en los cuatro primeros meses del año, los visados para edificar viviendas se han disparado: han crecido un 57% con respecto al mismo periodo del año anterior. De 16.782 autorizaciones se ha pasado a 21.593. Estamos muy lejos de los tiempos de la burbuja: en 2006, se concedieron más de 860.000 autorizaciones y solo en un mes, septiembre de aquel año, se contabilizaron 126.753 visados. Sin embargo, parecería lógico que tuviéramos ya establecidos frenos y controles para evitar precisamente la reiteración de aquella espiral descabellada. Habría, en fin, que cuidar de que no haya ilógicos estímulos fiscales a la demanda, de que las hipotecas hayan de concederse sólo cuando se acredite debidamente la solvencia y por una fracción del precio de la vivienda, de detectar a tiempo movimientos especulativos que puedan generar de nuevo los problemas que acabamos de vivir. Nada de todo esto se ha hecho. Ni siquiera se ha querido impulsar un modelo habitacional distinto, en que las viviendas de alquiler tengan primacía sobre las viviendas en propiedad. Hay que convencer a la gente de que viviendo de alquiler, y disfrutando por tanto de mayor movilidad, resultará más fácil encontrar trabajo y se será probablemente más feliz. Al menos es de suponer que la vivienda dejará de conveertirse en un elemento de especulación, origen primordial de los males que ocasionó la buuja inmobiliaria.

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