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Trump no es sólo un racista

Rafael Servent

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Pues vaya. Resulta que Donald Trump, el racista, el xenófobo, el misógino, el bravucón risible con capota-ensaimada cubrecalva de diseño imposible y neoliberal a ultranza con casinos en Las Vegas que está a punto de dar la campanada como candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, ése personaje, está en contra del TTIP. Lo han leído bien: en contra del TTIP. Como la monja Forcades, la Flotilla de la Libertad y la gente de las CUP. El ultraliberal Donald Trump abomina del ultraliberal Transatlantic Trade and Investment Partnership (TTIP), el tratado –todavía en fase de ratificación– que quitará cualquier barrera al comercio y las finanzas entre los EEUU y la UE.

¿Pero no quedamos en que Trump era un pallasete racista al que aplaudían los del Ku Klux Klan? ¿Un populista xenófobo que conectaba (por racista) con las clases trabajadoras blancas (y racistas) empobrecidas de los EEUU? Pues claro. Pero no sólo. Muchos lo descubren ahora. Sus votantes pueden ser racistas, xenófobos y machistas. Pero, ante todo, son trabajadores sin empleos de calidad porque el NAFTA (otro tratado de libre comercio, esta vez con México, firmado por el demócrata Bill Clinton) y tres décadas de neoliberalismo deslocalizador han arrasado sus fábricas.

El resentimiento por haber perdido esos empleos o el miedo a perderlos son la gasolina que realmente impulsa el ascenso de Trump. ¿Que además es racista? Sí. ¿Que Bernie Sanders dice lo mismo y no es racista? También. ¿A quién votarán quienes apoyan a Sanders, cuando no puedan votarle para presidente de los EEUU y el único que ‘defienda’ sus derechos sea Trump?

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