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Opinion El mirador

Una bomba en la playa

Leo y releo la noticia publicada ayer en este mismo Diari y no puedo dejar de pensar en lo que pudo pasar y, afortunadamente, no sucedió

ÁLEX SALDAÑA

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ÁLEX SALDAÑA

ÁLEX SALDAÑA

Leo y releo la noticia publicada ayer en este mismo Diari y no puedo dejar de pensar en lo que pudo pasar y, afortunadamente, no sucedió. Imaginen la escena: la playa de la Arrabassada –posiblemente la más familiar y concurrida de la ciudad de Tarragona– llena en una calurosa tarde de verano, niños jugando en el agua y, a pocos metros de ellos, un artefacto con carga explosiva activa que puede detonar en cualquier momento ante una patada o, simplemente, al sufrir el embate de una ola. Y no era algo banal ni de escasa potencia, pues los artificieros de los Mossos tuvieron que desalojar toda la playa e incluso detuvieron el tráfico ferroviario para evitar posibles daños por la explosión. Al parecer, se trata de una bomba utilizada habitualmente por la Marina de guerra francesa que es lanzada por los submarinos y que, a los pocos segundos de ser propulsada, explota dentro del mar, esparciendo una cantidad de bolitas de plomo que provocan que el sonar del barco que rastrea al submarino pierda su rastro. Quizá lo más grave sea que no se trata de un hecho aislado, pues han aparecido artefactos similares en las costas de Baleares y de la Comunitat Valenciana. Y uno se pregunta qué tipo de controles existen para que un artefacto de este tipo se pueda utilizar y pueda llegar a la playa de una ciudad, con el consiguiente riesgo para los bañistas. Me parece increíble que militares del país que sea lleven a cabo sus experimentos y prueben sus inventos en cualquier lugar sin importarles poner en peligro a la población. ¿Es que acaso ya no podemos ir tranquilos a la playa? Alguien nos debe una explicación.

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