Una ciudad a camára lenta

JAVIER DÍAZ

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La ciudad de Tarragona avanza a cámara lenta. Acumula edificios vacíos como quien colecciona cromos de fútbol. El caso más sangrante es de Tabacalera, que languidece a pasos agigantados sin un proyecto firme que la saque del abandono en el que se encuentra. Los partidos políticos solo se parten la cara por esta antigua fábrica en campaña electoral. En la Rambla, el Banco de España espera a ser transformado por fin en un museo de la Química, un espacio de difusión de la ciencia o un centro cívico (como preferiría parte de la ciudadanía) y, mientras, se conforma con ser escenario de anuncios de publicidad. Del bochorno del parking Jaume I mejor ni hablar, ya ha pasado a la historia de los despropósitos. Da igual el color del equipo de gobierno de turno, es un mal endémico de una ciudad a la que cuesta tomarse en serio su potencial.

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