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Víctor noir, el culto parisino a la entrepierna. De mártir a símbolo de la fertilidad

Es curioso como lo simbólico ocupa gran parte de nuestras vidas. Un «héroe» político se ha convertido en un icono sexual gracias a un detalle de su anatomía, representada ventajosamente por un escultor

Natalia Rodríguez

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Seguro que muchos de ustedes han estado en París, y seguro que muchos de ustedes han visitado el cementerio más famoso y lánguido de la ciudad, el Père-Lachaise. Les imagino admirados ante la tumba de Oscar Wilde o retorcidos de dolor ante la de Jim Morrison. Poco me cuesta imaginarlos algo perplejos ante la de Victor Noir. Sin embargo, la tumba del señor Noir es la que recibe más visitantes y sostiene el culto más tenaz de todo el camposanto. 

Se trata de una estatua yacente rodeada de exvotos y flores frescas. La gente los deposita como agradecimiento o como ofrenda. Alrededor de la escultura los visitantes publican mensajes: «Dame un hombre guapo»; «Déjame casarme y tener hijos»; «Haznos tener un bebé» ...

Esta escultura reclinada, una de los dos únicas de Père Lachaise, es Victor Noir, periodista asesinado en 1870 por Pierre Bonaparte, primo del emperador. Pronto se erigió en símbolo republicano y el escultor Jules Dalou recauda los fondos para erigirle una estatua. Nace el culto político. Un mártir, un inocente asesinado por error. Un apuesto joven muerto a la edad de veintidós años, dos días antes de su matrimonio y hasta ahora desconocido, congrega a 100.000 personas el día de su funeral.

La escultura de Jules Dalou es realista. Cada detalle evoca el drama. El impacto de la bala en el pecho es claramente visible. El guante forrado de piel no solo sitúa la época, sino en el drama del duelo ya que Noir no es más que un testigo. La camisa desabotonada y los pantalones muestran los últimos minutos de su vida, cuando sus amigos intentan revivirlo. El sombrero caído al suelo sitúa la dramaturgia. Todo en la estatua de Dalou recuerda el martirio de un hombre inocente que inspiró a la Comuna.

Pero fue en los años 60, cuando la fama de Noir se agranda gracias a una particularidad: una entrepierna de gran tamaño ... a una leyenda creada ex-nihilo, el contacto con el enorme bulto promovería la fertilidad y la hombría. 

Los clientes habituales conocen perfectamente las prácticas rituales que se llevan a cabo de acuerdo con la forma de la escultura: para tener hijos, uno debe tocar el sexo de la estatua, acostarse o sentarse en ella; para encontrar el amor de tu vida, tienes que tocar sus pies; para recuperar a la persona que amamos, debemos besarle los labios, el mentón y la nariz de tres veces o ponerle un dedo en el impacto de la bala. 

Es curioso como lo simbólico ocupa gran parte de nuestras vidas. Un «héroe» político, un icono republicano que se convierte en un icono sexual, gracias a un detalle de su anatomía, representada ventajosamente por un escultor. Una «mutación de significado» como hacemos con todas las imágenes iconográficas. Dejan de ser lo que era para pasar a formar parte de nuestras fantasías y les otorgamos un poder mágico.

Ya sean aguas benditas, imágenes milagrosas, sábanas o cirios, la necesidad de que las cosas tengan poderes más allá de lo ordinario no nos abandona en el mundo de los smartphones. 

El caso de Victor Noir es original: la misma estatua es capaz de encarnar varios cultos al mismo tiempo, aunque finalmente, la entrepierna se lleve por delante al héroe republicano. 

Periodista. Nacida en Tarragona, Natàlia Rodríguez empezó a ejercer en el Diari. Trabajó en la Comisión Europea y colabora en diversos medios. Vive entre París y Barcelona.

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