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¿Y por qué no un tecnócrata independiente?

José Daniel Vila Robert

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Desde el 20D, vamos ya casi para tres meses, el Gobierno continúa en funciones, las Administraciones Públicas se encuentran bloqueadas y la agenda de viajes al exterior del monarca está paralizada. Los líderes políticos, en mi opinión, no dan la talla, sin llegar a pactos coherentes y sin alianzas mayoritarias, no solo para conseguir la tan deseada investidura presidencial, sino para poder gobernar con la necesaria estabilidad.

Ante esta insólita situación, el monarca se ha mostrado reacio a iniciar una tercera ronda de consultas. No ya el pacto, sino la simple convivencia entre algunos líderes políticos, parece que está dando lugar a la cuadratura del círculo, es decir, a un enfrentamiento dialéctico, sin ninguna posibilidad de avanzar. Y lo que es peor, con permanente apelación a la descalificación y al insulto. En España, lamentablemente, no existe cultura pactista para poder salir de esta situación y dar paso a la necesaria gobernabilidad.

La inestabilidad política impide avanzar por el camino de la recuperación económica que, tímidamente, se está iniciando. Ello conlleva una paralización de inversiones, un aumento del paro y, por consiguiente, la pérdida de bienestar. Y esto último con las mejoras sociales, curiosamente, está incluido en todos los programas electorales de las formaciones políticas.

Existe inmadurez y muy poca seriedad en algunos líderes políticos, que pretenden acomodarse en las poltronas, con la única y exclusiva finalidad de su propio engreimiento y promoción personal. Para nada importan los intereses generales del país y la mejora del bienestar de sus ciudadanos. Estos contemplan atónitos y no sin preocupación el espectáculo, sin que puedan aventurar en lo más mínimo cual va a ser el futuro inmediato del país.

El Partido Popular (PP) ciertamente ha sido el más votado, pero también el que más ha perdido: 3,6 millones de electores y más de 60 escaños en el Congreso de los Diputados. La formación conservadora ha quedado totalmente aislada y está completamente embadurnada con los tintes indelebles de la corrupción por los cuatro costados.

El panorama es desalentador y en tales circunstancias, para evitar la convocatoria de nuevas elecciones, sería posible una alternativa, habida cuenta de la ineptitud al respecto de los actuales líderes políticos. Cabría proponer al monarca un candidato de reconocido prestigio e independiente de la actual maraña política, es decir, un tecnócrata de categoría. Pero, obviamente, aceptado por todos, lo cual parece también casi imposible. Se daría paso a un gobierno de concentración, que podría extenderse singularmente a dos años de mandato, para así salir del actual bloqueo. Algunos de los actuales líderes políticos deberían abandonar la escena y regresar a sus casas y, por tanto, desaparecer del mapa, para dar acceso a un líder externo de consenso, para la dirección de un gobierno de gestión y que pueda llevar a buen término las necesarias reformas constitucionales, con las necesarias mayorías cualificadas.

Y transcurridos los singulares dos años de mandato, habría que disolver las Cortes para ir civilizadamente a unas elecciones constituyentes, es decir, sin la algarabía del insulto y la descalificación permanente. Algo parecido pasó en Italia en el año 2011, aunque allí no salió bien. Aquí el monarca, obviamente, no puede hacer lo que hizo el Presidente de la República italiana. Deben ser los partidos políticos los que tienen que plantear la necesaria alternativa. Podrá, sin duda alguna, decirse que este planteamiento no es el conveniente. Pero, en mi opinión, sería mejor esto que ir a unas nuevas elecciones que, como es sabido, arrojarán un resultado parecido a las anteriores y no solucionarán absolutamente nada, con el agravante de que habrán transcurrido seis meses más.

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