Opinión

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La ortografía no es solo una cuestión de letras bien colocadas; es una declaración de principios. En el ámbito educativo representa valores esenciales como la seriedad, el esfuerzo y el cumplimiento de normas. Escribir correctamente no es un capricho académico, sino una forma de respeto: hacia el lector, hacia el conocimiento y hacia uno mismo. Vivimos en una sociedad líquida, cambiante, en la que las normas parecen adaptarse cada día a los deseos individuales. Sin embargo, una sociedad sin reglas comunes está condenada al fracaso. La ortografía, con sus acentos, comas y signos, simboliza ese marco compartido que nos permite entendernos. Puede parecer algo del pasado, pero en realidad es una esperanza para el futuro: nos recuerda que no todo vale, que el rigor sigue siendo necesario. 

Los ganadores de la edición de este año son un ejemplo de cómo con esfuerzo y objetivos claros, se puede llegar a dónde se quiera

Durante años se dijo que las redes sociales acabarían con la ortografía. Y es cierto que hoy muchos escriben como quieren: sin acentos, sin comas, sin pausa ni precisión. Pero precisamente por eso la necesitamos más que nunca. Un ejemplo inspirador lo encontramos en el Premi Bona Gent 2026, concedido al Institut Martí i Franquès de Tarragona. El centro fue reconocido por un proyecto que invitaba a ‘cazar’ gazapos lingüísticos en anuncios, en Internet y en la prensa escrita. Incluso el propio Diari fue objeto de revisión por parte de alumnos de cuarto de ESO, guiados por su profesora de Lengua Castellana y Literatura, Mercedes Pérez. Aquella iniciativa demostró que la ortografía puede ser una tarea viva, crítica y comprometida con la realidad. La relación entre ortografía y valores también se refleja en el deporte. Los hermanos Asier y Hugo Estébanez, campeones del mundo de pádel, naturales de Cambrils y formados en el Reus Monterols, son un ejemplo claro de tenacidad, esfuerzo y sacrificio. Los mismos valores que exige el alto rendimiento deportivo son los que sostienen el aprendizaje riguroso y el respeto por las normas, también las lingüísticas. Está visto que la ‘bona gent’ es la que se toma las cosas en serio: la que sabe que la constancia y el esfuerzo son los valores más seguros. Defender la ortografía es, en el fondo, defender una educación exigente, una comunicación clara y una sociedad con bases sólidas.

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