Opinión

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Mientras escribo, se estima que el número de muertos asciende a 4.000. Así que hoy quería dedicar un momento a reflexionar sobre la poesía y la prosa iraníes, recordando cómo esta fascinante literatura me impactó personalmente, cómo me conmovió la primera vez que leí sus versos… Mi primera introducción a la literatura iraní fue con las Rubaiyat de Omar Khayyam, ese brillante erudito y genio que contribuyó a las matemáticas, la filosofía y la astronomía, calculando la duración del año solar con asombrosa precisión. Cuando Khayyam hablaba de vino, ¿se refería a la bebida en su copa, a su amante, a algo mucho más espiritual o a todo lo anterior a la vez? Escribió sobre el amor, la música, la alegría, la compañía y la risa, y aun así conservaba una sensación de melancolía respecto al mundo, a la vez que se preocupaba profundamente por las penas de los demás, por la necesidad de aprender y conocer. La voz de Khayyam es sencillamente hipnótica. Luego vino los poemas de Hafez Shirazi. Goethe creía que no tenía igual, Federico García Lorca lo nombró uno de sus bardos favoritos. Nietzsche amaba sus versos. Hay una inmensa sabiduría y profundidad en Hafez. El mismo Hafez dijo:«Ojalá pudiera mostrarte, cuando te sientes solo o en la oscuridad, la asombrosa luz de tu propio ser».

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