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    El ‘Manual de resistencia’ de Sánchez saca edición en catalán

    El presidente sale vivo de su apuesta más desesperada. El PSOE y Sumar resisten gracias a su gran resultado en Catalunya y pueden volver a gobernar si los independentistas les apoyan. Las tres Españas, en su máximo exponente.

    24 julio 2023 17:38 | Actualizado a 24 julio 2023 17:40
    Josep Cruset
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    Más allá de los muy diversos factores que han influido en estas elecciones generales, desde mucho tiempo atrás la lógica política apuntaba que un Gobierno de España que se apoya sistemáticamente en partidos independentistas como ERC y Bildu y que indulta a los líderes del procès –y reforma el código penal con el que se les condenó– para restaurar la convivencia en Catalunya tendría muy difícil, sino imposible, revalidar un triunfo electoral en el conjunto de España.

    Sólo un elemento de carácter taumatúrgico sembraba alguna duda sobre la irreversibilidad de esta sentencia: la probada capacidad de Pedro Sánchez de resucitar de entre los muertos. Y el adelanto electoral tras el batacazo de la izquierda en las municipales y autonómicas era su desesperado último embrujo para obrar el milagro.

    Al final, podría ser que sucediesen las dos cosas a la vez, porque el PP ha ganado las elecciones tal como apuntaban los pronósticos, pero se ha quedado corto, tanto que ni con Vox alcanza la mayoría absoluta necesaria para que Alberto Núñez Feijóo sea presidente. Lo cual abre la posibilidad de que Sánchez configure una mayoría alternativa, si es capaz de convencer a los partidos nacionalistas e independentistas para que apoyen al bloque de la izquierda. O, como mal menor, le permite forzar un escenario de bloqueo a un gobierno de la derecha.

    Y esto ha sucedido porque el PSOE y Sumar han tenido un desempeño electoral mucho mejor de lo previsto, lo que, pese a la derrota, constituye un triunfo personal del presidente del Gobierno y de Yolanda Díaz. Parece que el Manual de resistencia de Pedro Sánchez va a reeditarse, y esta vez con edición en catalán, y no sólo porque el PSC haya arrasado en Catalunya.

    Habrá que esperar para saber a ciencia cierta si el milagro sanchista se consuma, pero desde la misma noche de ayer ya es evidente que ha habido un castigo infernal para los que más alardean de creyentes. Vox, que recientemente calificaba de «escoria» a los que tienen otras ideas sobre la nación española y además propugna su ilegalización, ve como la decisión sobre el futuro Gobierno de España ha quedado en manos de los representantes de esa «escoria». Y por si no fuera suficiente con que la investidura dependa de los vascos y catalanes irredentos, el destino ha querido que una de las claves esté en manos de Carles Puigdemont y su partido.

    El temor a un gobierno con presencia o influencia de la extrema derecha ha movilizado a un número suficiente de votantes como para impedir que el PP llegue a la Moncloa, con o sin Abascal. Las desesperadas cuentas que debió hacer Pedro Sánchez la noche del 28 de mayo le han acabado saliendo. Y eso que perdió el cara a cara televisivo con Feijóo que parecía ser su última carta. El desfondamiento del candidato del PP en el final de campaña será objeto de estudio de los politólogos. Y, quién sabe, quizás se llegue a la conclusión que las mentiras en política, a veces, sólo algunas veces, tienen un coste. Diríase que, al final, Feijóo se ha quedado compuesto y sin Moncloa.

    En Catalunya, el mapa electoral también ha deparado una sorpresa mayúscula, que es ver a Sumar como segunda fuerza política. La factura principal de los desengaños independentistas la ha pagado ERC, que pierde hasta seis diputados y se ve superada por el PP en número de votos. Pero los votantes frustrados por el agotamiento del procès no han ido a parar a Junts ni la CUP, sino a la abstención. Los de Puigdemont cosechan otro mal resultado, aunque los caprichos de la aritmética parlamentaria les van a conceder un papel determinante que ya habría soñado para sí Jordi Pujol. El mismo bálsamo que también amortigua la caída de ERC, pero no la de la CUP, que se queda fuera de Madrid

    El escenario es seguramente el más endemoniado posible, aunque las urnas han dejado claro que para una mayoría de ciudadanos aún existía otro peor, que era el acceso al poder de la extrema derecha, y entre las posibles salidas está la repetición electoral, que ha pasado de ser un anatema a una costumbre en los últimos tiempos.

    Más que una hipotética inestabilidad, los temores deberían apuntar a una mayor radicalización y crispación política entre lo que se ha venido en llamar las tres Españas, que, a grandes rasgos, se corresponden con los grupos que se posicionan ideológicamente a la derecha, a la izquierda y los que abrazan el nacionalismo y/o independentismo en las comunidades con lengua y cultura propias. Las urnas han querido que queden nítidamente reflejadas –y enfrentadas– en el Parlamento y con unos equilibrios de fuerzas ajustadísimos entre los tres bloques.

    Y si en los últimos cuatro años un gobierno de coalición de las izquierdas encabezado por un partido que había ganado claramente las elecciones ha sido considerado ilegítimo y ha sufrido los mayores ataques que se recuerdan desde parte de los poderes profundos del Estado y del influyente sistema mediático de Madrid, imaginen lo que será si un Gobierno de las otras dos Españas cierra el paso al partido de la derecha que ha sido el más votado.

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