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Hard Rock, moneda de cambio otra vez

Las principales instituciones y agentes socioecónomicos de la demarcación presentarán mañana un nuevo manifiesto a favor del complejo de ocio. El documento llega después de que diputados de ERC, la CUP y Comuns se adhirieran a la Plataforma Aturem el Hard Rock

| Actualizado a 04 diciembre 2022 13:48
Núria Pérez
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Es todo un clásico por estas fechas. Hard Rock vuelve a ser moneda de cambio en la negociación entre partidos para aprobar los presupuestos de la Generalitat. En este caso, es el PSC el que le ha planteado al Govern de Pere Aragonès desencallar el complejo de ocio de Vila-seca y Salou. Los socialistas denuncian que, «a veces», el Govern «no es claro con la voluntad de sacarlo adelante».

Diez años después de que la Generalitat anunciara a bombo y platillo la inversión de miles de millones en un macrocomplejo de casinos, hoteles y calles comerciales junto a PortAventura, lo que ha quedado del mismo no se sabe a ciencia cierta qué es, tras perder inversores, altura y tamaño. O sí: el proyecto que provocó el famoso «paso al lado» de Artur Mas en 2016 y que el año pasado presagiaba la ruptura de Junts y ERC.

Es triste pensar que una decisión tan trascendente para la Costa Daurada pueda tomarse sin tener en cuenta a la demarcación. Es cierto que no hay unanimidad. Las principales instituciones y agentes socioeconómicos, lideradas por la Cambra de Comerç de Tarragona, presentarán mañana un nuevo manifiesto de apoyo. Mientras, hace menos de un mes, diputados de ERC, Comuns y la CUP se adherían al documento en contra impulsado por la Plataforma Aturem el Hard Rock.

La pregunta es: ¿no es posible dar luz verde a un proyecto importante para el territorio, que responda al modelo turístico y de país que queremos? Eso es lo que esperamos de nuestros representantes políticos y, muy especialmente, de los que tienen responsabilidades de gobierno: que sean capaces de resolver cuestiones complejas con decisiones consensuadas y no excluyentes.

Falta de agua e inflación

Estamos pendientes de los precios de la luz, el gas y los carburantes por su impacto en la inflación, y no nos damos cuenta de que la falta de otro recurso escaso, como es el agua, puede impactar tanto o más sobre la economía. Los expertos avisan que una sequía continuada en el tiempo asociada a un incremento de 3ºC de la temperatura media, provocará pérdidas anuales de 9.000 millones en la Unión Europea. España sería el país que más sufriría esta situación, con 1.500 millones de pérdidas. Se calcula que la producción agrícola podría caer hasta un 10%, pero la industria y el turismo también resultarían perjudicados.

La pregunta es: ¿no es posible dar luz verde a un proyecto importante para el territorio, que responda al modelo turístico y de país que queremos?

Algunos pueden pensar que son cálculos agoreros pero no estamos hablando de un futurible más o menos probable, sino de una realidad que se ha avanzado a las previsiones. Se acerca el invierno y estamos en alerta por sequía. Más de 500 municipios de Barcelona y Girona sufren restricciones de agua. Tarragona no, pero la situación es igualmente preocupante. El pantano de Siurana está por debajo del 8% de su capacidad y el de Riudecanyes, en el 15,7%. Los agricultores están alarmadosy ya notan los efectos de la sequía en sus cultivos. La DOP Siurana, la principal denominación de origen de aceite de Catalunya, prevé cerrar la campaña con una producción de tres millones de kilos, un 45% menos que el año pasado, por las altas temperaturas y la sequía prolongada de los últimos meses. Los propietarios de avellanos temen por sus árboles si no llueve lo suficiente de aquí a la primavera.

Además, el bajo caudal de los embalses catalanes -de un 32% ayer, cuando hace un año era del doble- repercutirá directamente en la factura eléctrica. La disminución de la producción de energía hidroeléctrica deberá ser cubierta con otras fuentes que son más caras.

Quedarse de brazos cruzados esperando que llueva no es la mejor solución. Es necesario invertir más en la reutilización del agua, en nuevas desalinizadoras y en una nueva cultura del agua.

¿El fin de las nucleares?

Cada vez son más las voces que insisten en que en Catalunya es imposible cumplir con los objetivos de descarbonización marcados por Europa con el actual ritmo de implantación de las energías solar y eólica.

Las empresas que operan las nucleares lo saben y no piensan tirar la toalla, pese a los planes del Gobierno de cerrar las centrales que quedan operativas en el país entre 2027 y 2035. La Asociación Nuclear Ascó-Vandellòs II (ANAV) ha reivindicado esta semana el papel clave de esta energía para garantizar una transición energética. Muchos dan por hecho la prolongación de la vida útil de las centrales pero coinciden en que la decisón no se tomará hasta que la fecha de cierre esté más cerca. De ser verdad, quedará demostrada una vez más la falta de valentía de nuestros políticos a la hora de afrontar decisiones impopulares. Después se preguntarán por qué sube la abstención y crece la desafección.

Las campanas tocan a victoria

Uno de los elementos que más envidio de los pueblos es el silencio, la sensación de paz, frente a la contaminación acústica de las grandes ciudades. También me fascinan, desde siempre, las campanas. Con un amplio repertorio de formas y técnicas, los toques de campana han regulado durante siglos multitud de aspectos de la vida festiva, ritual, laboral y cotidiana, marcando las horas o comunicando nacimientos, celebraciones, incendios, situaciones de peligro o funerales.

Por eso, los que creemos que estos instrumentos son un elemento de identidad de los pueblos y un patrimonio histórico a preservar estamos de enhorabuena. Desde esta semana, tocar las campanas de forma manual forma parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, como los castells. En la Catedral de Tarragona hay diecinueve campanas, pero sólo se tocan manualmente doce, en ocasiones puntuales, como Corpus, Pascua o Santa Tecla.Todas tienen nombre de mujer, todas suenan diferente y cada una tiene su función. La Fructuosa es la más antigua, de 1313, y La Capona, la más grande, de 2,2 toneladas. Tocarlas requiere destreza y estar en forma. Antes de llegar a ellas, hay que subir 202 escalones. La declaración de la Unesco es todo un reconocimiento a los que las cuidan y las tocan. Por el camino han quedado otros oficios, como los fareros, los serenos o los canteros. ¡Larga vida a las campanas!

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