Opinión

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Hay un refrán que dice «Vísteme despacio que tengo prisa». Quizá podría aplicarse a la situación de nuestras vías férreas y carreteras principales. De repente se producen dos graves accidentes de ferrocarril, en Adamuz (Córdoba) y Gelida (Barcelona), que obligan a reducir la velocidad del AVE Madrid-Barcelona y Madrid-Valencia, a suprimir el tráfico de trenes de Rodalies un par de días (con afectación a 400.000 pasajeros diarios) y a cortar el tramo de la AP-7 entre Martorell y Vilafranca.

España ha sido líder europeo en trenes de alta velocidad, pero lo ocurrido muestra la endeblez de las vías por la que circulaban trenes a 300 por hora, que ahora querían ponerse a 350. Y autopistas sobrecargadas que a diario son escenario de choque de vehículos y consecuentes atascos.

¿No habremos descuidado la seguridad en favor de las prisas?

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