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Seguridad

Crece en Tarragona el preparacionismo ante catástrofes: «No somos Rambo. Aquí vienen hasta familias»

El mundo ‘prepper’ ya no es cosa de locos ni un mercado de nicho. Aumentan en la provincia los cursos de supervivencia ante la inestabilidad y el riesgo de colapso

Formación de supervivencia impartida por Adrián de la Cruz (’Soy lobo nómada’), un instructor afincado en el monte, cerca de Reus.

Formación de supervivencia impartida por Adrián de la Cruz (’Soy lobo nómada’), un instructor afincado en el monte, cerca de Reus.DT

Raúl Cosano
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«Hemos recuperado los conocimientos antiguos, esas maneras de hacer de antes, las conservas. Eso también es supervivencia y preparacionismo. Hemos aprendido a potabilizar el agua sin depender de aparatos. Eso da mucha tranquilidad», reconoce Sònia, una mujer de Tarragona.

Ella, junto a su pareja, han participado en un curso de supervivencia a cargo de Adrián de la Cruz, el nombre tras el alias en las redes de ‘Soy lobo nómada’. Adrián es instructor en su proyecto, llamado Academia de Supervivencia, y enseña, con más de 400.000 seguidores en YouTube, a prepararse ante emergencias y a ser autosuficientes.

Él era policía en Barcelona y, ante el estrés de la gran ciudad, decidió dejarlo todo e irse a vivir al campo, cerca de Reus. ‘Soy lobo nómada’ ha asistido al auge de la demanda de este tipo de formación por la que él apostó hace tiempo. «Descubrí el mundo de la supervivencia y fue una pasión muy grande. Viajé por todo el mundo, por el Ártico, en el desierto con bereberes, en la selva de Costa Rica. Me di cuenta de que esto podía ser una profesión y empecé a formar a otras personas», cuenta.

«Solo es cuestión de saber cosas básicas que en otros países ya se inculcan», admite el instructor
Adrián de la Cruz

La pandemia fue un punto de inflexión para la vulnerabilidad, pero luego vinieron otros: guerras cercanas, amenazas nucleares, inestabilidad geopolítica, anhelos imperialistas, fenómenos climáticos adversos como las danas y hasta apagones.

Adrián de la Cruz, de hecho, hizo click en el confinamiento. «Me agobié tanto que dejé la ciudad y busqué una casa. Empecé a venir y vi que aquí me sentía más a gusto. Puse unos depósitos de agua, tengo animales, intento ser autosuficiente», explica. 

Ya no es solo para aventureros

Su propia vivencia, narrada en sus vídeos y difundida con cursos ‘on line’ y presenciales, tiene cada vez más seguidores: «Antes podíamos parecer unos locos pero cada vez ocurren más cosas, una dana, Filomena, el apagón… Antes esto era una cosa limitada a montañeros o aficionados a la naturaleza pero ahora la gente que nos sigue es más diversa, son familias, parejas de entre 40 y 50 años o matrimonios que quieren proteger a sus hijos pequeños».

Albert Vila, de Vila Outdoors, una firma que se dedica a la supervivencia y que ha hecho formación en lugares como Els Ports, en el Ebre, también percibe «un incremento en los últimos años de una demanda que al principio era un nicho de mercado muy pequeño pero que ahora ha crecido».

«Hemos aprendido a potabilizar el agua sin aparatos», cuenta Sònia, una participante

Alrededor del 20% de su clientela tiene como objetivo esa supervivencia en un entorno urbano, un porcentaje aún inferior al de los que son aventureros pero mucho mayor que hace unos años. Adrián de la Cruz explica que «no hace falta ser Rambo ni un boina verde, sino saber algunas cosas básicas que en otros países ya hace tiempo que se inculcan más».

Orientarse, usar un cuchillo con seguridad, protegerse de la lluvia y de la hipotermia con bolsas de basura, utilizar el aceite de una lata de sardinas para hacer un candil y calentarse son solo algunas técnicas, válidas para la resistencia en un bosque pero también en situaciones hostiles de emergencia en plena ciudad.

Generar fuego y procurarse agua

Víctor Sala, CEO de la escuela de supervivencia PlayD, reconoce que «este tipo de tendencias muy habituales en el norte de Europa van entrando aquí» y añade: «El 55% del tráfico de nuestra web viene de mujeres. El hombre tiene siempre un poco de ego y no quiere aceptar este tipo de formación. Enseñamos una clase de supervivencia extrapolable a cualquier ámbito». Preparar mochilas, generar fuego, procurarse agua o cuidar la psicología son tareas que se enseñan. La zona de Calafat es un entorno donde PlayD ha organizado eventos.

¿Cuáles son los 'tips' que hay que tener? «El caos cuando falla todo y no hay comunicación empieza a las 36 horas. Entonces arranca el vandalismo», dice Sala. Vila habla de la regla del tres: «En tres segundos son los accidentes, tres minutos es lo que puedes aguantar sin oxígeno, tres horas para soportar temperatura extrema, tres días sin agua y tres semanas sin comer».

El ‘blackout’ del año pasado en España marcó un antes y un después pero también el hecho de que, por primera vez, las instituciones lanzaron mensajes preparacionistas. Hace un año la UE presentó un kit de supervivencia para 72 horas pensando en una hipotética guerra. Adrián de la Cruz considera que «esas recomendaciones se quedan cortas, son muy pobres». En noviembre fue la Generalitat quien pidió a los catalanes tener lista una mochila con los elementos básicos para aguantar, precisamente, ese plazo de tres días.

Sònia, la tarraconense que ha realizado uno de esos cursos, aclara que «no se trata de pensar en que va a llegar ya el apocalipsis pero sí hemos visto que debemos estar preparados porque hay cosas que suceden y que sobrepasan a los gobiernos. Por eso, como ciudadano debes estar prevenido y conviene formarse para cosas que antes parecían impensables y que ahora son probables».

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