Reus

Guerra de Ucrania

Muere un vecino de Reus en la guerra de Ucrania: "Mientras le recordemos, seguirá con nosotros"

Slava Didur, de 45 años, perdió la vida en la región de Donetsk. Su familia le homenajea. La comunidad ucraniana de Tarragona le llora

Slava Didur (derecha), junto a compañeros, durante el conflicto.

Slava Didur (derecha), junto a compañeros, durante el conflicto.DT

Raúl Cosano
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Este sábado en Vinnitsya, en el centro de Ucrania, hubo un homenaje a Slava Didur, un ucraniano afincado en Reus que ha muerto en la guerra. Amigos y familiares se reunieron para comer y recordarle con emoción y gratitud.

Slava no lo dudó ni un momento, apenas comenzó la invasión rusa, que todavía dura. Se marchó desde aquí el 27 de febrero de 2022, solo tres días después de que arrancara el conflicto. Se fue con la primera furgoneta que salió para allí, en una paradoja: mientras miles de ucranianos huían del país escapando de las bombas como refugiados –en seis meses vinieron 2.000 a Tarragona, más que en los 15 años previos–, él iba en esa dirección.

Un impulso irrefrenable

Lo vio claro desde el principio. Pensó que no podía vivir y seguir trabajando con normalidad y tranquilidad mientras Rusia devastaba a su país. Fue un impulso, un instinto irrefrenable, pero también una decisión íntima y personal que su entorno tuvo que respetar pese a ser dolorosa. «Recuerdo que el día que empezó la guerra fue a trabajar por la mañana, y por la tarde ya no volvió. No estaba bien, no podía soportar seguir aquí», recuerda Darina, su pareja.

«No puedo quedarme quieto cuando pisotean mi tierra. Están los derechos humanos por encima y también la voluntad de un país. Y tampoco podemos aceptar que nos obliguen a vivir con un gobierno que te imponen», decía por entonces Slava.

Slava Didur, junto a un proyectil, durante la guerra.

Slava Didur, junto a un proyectil, durante la guerra.DIARI

El alistamiento fue rápido. Slava ya estaba enrolado en las tropas unos días después, el 5 de marzo, después de un trayecto de más de 3.000 kilómetros.

Su primer destino fue el sur del país, Odessa y Mykolaiv, cerca del Mar Negro. «Ahí podía hablar con él, casi cada día, aunque fuera poco, simplemente para saber que estaba bien», explica Darina, su pareja. Allí pasó tres meses. A partir de ahí, en función de los movimientos del ejército ruso, las tropas ucranianas respondían en las batallas desplazándose allí donde fuera necesario. También combatió en Jersón, otra zona del sur marcada por la intensidad bélica en muchas fases.

"Para mí fue un gran amor, un amor maduro, que ya tenía que ser para siempre", se sincera Darina, su pareja

A Tarragona llegaban buenas noticias. Slava y sus compañeros habían conseguido liberar del control ruso un pueblo llamado Davidov Brod. La batalla comenzó en agosto de aquel 2022 y se alargó a octubre. Gracias a aquella victoria, tuvo unos días de permiso y pudo regresar a casa para ver a su madre y a otros familiares. Desde Tarragona, también acudió Darina. Ella hoy se emociona porque, en el doloroso desempolvo de imágenes, hay una foto de aquel encuentro, la última imagen juntos. Es del 24 de octubre de 2022.

Slava (centro), junto a su madre, Hanna (izquierda), y su pareja, Darina. Es la última foto que se hicieron juntos. Fue el 24 de octubre de 2022.

Slava (centro), junto a su madre, Hanna (izquierda), y su pareja, Darina. Es la última foto que se hicieron juntos. Fue el 24 de octubre de 2022.DT

Pero todo cambió a principios de noviembre. Slava, que estaba en la brigada 35 del cuerpo de marines, fue a un destino nuevo, Donetsk, una de las zonas más calientes y temidas. «Cuando llegó allí casi no llamaba, hablaba mucho menos con él, era más difícil», indica Darina. La guerra se volvió más cruenta en esa zona más remota, cercana a la frontera rusa.

Slava se movió entre dos puntos, Vodyane y Pisky. Había conseguido ser comandante de pelotón después de la batalla ganada. «Él, por su posición, estaba arriba del carro de combate, subido», cuenta Darina. En ese puesto sucedió el ataque ruso que acabó con su vida y que su pareja ha podido reconstruir hablando con compañeros del ejército. «No era una batalla prevista, ellos se estaban desplazando de un punto a otro. Los rusos esperaban cerca, pero escondidos», cuenta la mujer. 

Slava, junto a su madre, Hanna, durante una visita a Tarragona.

Slava, junto a su madre, Hanna, durante una visita a Tarragona.DIARI

Aquel terreno lleno de cultivos se convirtió en campo de batalla. De 90 ucranianos, 35 desaparecieron, entre muertos y presos. Un trozo de hierro de algún misil le golpeó a Slava en el abdomen y le dejó mortalmente herido. Nadie le pudo ayudar. Era mediodía de un gélido 2 de diciembre de 2022. Tenía 45 años

A partir de ahí llegó la angustia y la incertidumbre para Darina y toda la familia. Estuvieron sin la más mínima información durante año y medio. «Siempre piensas lo positivo, que está capturado o herido en un hospital, que va a haber un milagro pero el sufrimiento es muy grande. No sabes qué ha pasado. Ha sido muy duro. Yo tenía ataques de pánico, no podía salir de casa. Solo podía hablar con su madre, con nadie más», cuenta Darina.

Intercambio de cuerpos

En agosto de 2024 llegó el primer indicio. Hanna Ivanivna Didur, su madre, recibió una llamada de un laboratorio cercano a Kiev. Allí unos restos parecen corresponder a los de su hijo. Su cuerpo, al parecer, fue recogido por los rusos y, un tiempo después, entregado a Ucrania en uno de esos canjes habituales de cadáveres y prisioneros. «Cada dos o tres meses se intercambian. Es habitual en esas negociaciones», explica Darina. Esos restos y la información de las bajas es secreta y estratégica para ucranianos y rusos.

La confirmación de que los restos eran de Slava tardó varios meses. Tras las pruebas de ADN, en diciembre de 2024, hace ahora un año, la familia por fin pudo recibir su cuerpo. Slava fue enterrado en su Vinnitsya natal el 18 de diciembre.

La familia ha tardado dos años en recuperar su cuerpo y enterrarlo finalmente

«Yo tenía esperanza de que él estuviera herido. En cierto modo la noticia de su muerte fue una liberación. Podemos descansar. Te libera de pensar si le estaban torturando o estaba enfermo y nadie le trataba. Todo eso te parte el corazón», cuenta Darina. Algo similar siente Hanna, su madre.

Hoy todo su entorno le recuerda y le homenajea. «Cuando comenzó la guerra, se fue porque no podía hacer otra cosa. Ese era su carácter, su honor, su ley interior», cuenta la madre. Slava «creía que tenía que estar presente en los momentos más difíciles –sigue su madre–, para seguir siendo humano incluso en las circunstancias más inhumanas». Hanna le define como «una persona inolvidable, amable, compasiva, atenta con los demás, alguien respetado y querido por todos los que le conocieron: amigos, vecinos tías, primos».

Slava era un gran aficionado a la pesca. También le gustaba el mar, la playa o salir a la montaña.

Slava era un gran aficionado a la pesca. También le gustaba el mar, la playa o salir a la montaña.DT

La celebración en memoria de caídos en combate como Slava es, a la vez, dolor pero también honor, y una forma de que siga presente. «Solo podemos conservarlo en nuestros recuerdos, tal como era: un hombre brillante, honesto y profundo que dejó huella en todos los que lo amaron. Y mientras lo recordemos, permanecerá con nosotros», se sincera la madre, que añade: «Dejó una luz, y esa luz se recuerda hasta el día de hoy». Sus amigos le definen como alguien sincero y leal, siempre preocupado por los demás.

«Hoy ya no está con nosotros, y el dolor de su pérdida es incalculable. Lo extrañamos muchísimo: su voz, su risa, su presencia. Pensamos en él todos los días», dice Hanna. «Fue un gran amor para mí, un amor maduro, que ya iba a ser para siempre», se sincera Darina, aún golpeada emocionalmente por esta pérdida, pero con la tranquilidad de que su chico hizo lo que le dictó su conciencia: «Hay muertes por enfermedad, por edad, por accidente. Él murió en combate. Murió una muerte noble, la muerte de un hombre valiente. Sus películas favoritas siempre eran sobre la guerra. Era un defensor en alma y corazón». «Sin él nos sentimos devastados. Nuestro mundo se derrumbó… pero él ascendió y encontró descanso eterno, con la sensación de haber cumplido su deber con su país».

Hanna, la madre de Slava, con un ramo de flores, en un homenaje a su hijo, en Ucrania.

Hanna, la madre de Slava, con un ramo de flores, en un homenaje a su hijo, en Ucrania.DT

Viktor Kazmiruk, vecino de Vila-seca, era amigo de Slava y, además, habían nacido en la misma ciudad. «Estamos muy afectados. Era un buen chico, siempre contento y feliz, y ayudaba en todo momento. Ha dado la vida por su país y poca gente tiene el valor para hacer eso. Era muy patriota», cuenta. Viktor recuerda que intentó pararle los pies antes de marcharse a la guerra: «No había manera, él lo tenía muy claro. Decía que quedarse aquí le quemaba».

"Era un buen chico que ha dado la vida por su país. Poca gente puede decir eso", explica su amigo Viktor Kazmiruk

Slava trabajaba en las reformas de pisos y era muy aficionado a la pesca, al mar y a la playa. Llegó en 2014. Había vivido en Salou pero ahora residía en Reus. Estaba plenamente asentado y muy integrado en la extensa comunidad ucraniana. «Él tenía su vida aquí, con su trabajo y su pareja, se quería quedar aquí», dice Viktor.

Zoryana Lyashenko, la secretaria de la Asociación Ucranianos de Tarragona ‘Khortytsya’ también le recuerda: «Era una persona muy cercana, un chico muy extrovertido. Te reías mucho con él. Siempre era el primero en echar una mano». Slava también está muy presente en cada evento que hace la asociación, que encadena un sinfín de manifestaciones pidiendo la paz. «Siempre hacemos un minuto de silencio por todos los caídos y mencionamos su nombre», indica Zoryana.

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