Morir negando

Lo más alarmante de estos días es que se quieran cargar las diputaciones

19 mayo 2017 18:24 | Actualizado a 21 mayo 2017 16:52
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Desde que los griegos insistieron en entrar en Troya, la constancia se estima como una de las grandes virtudes. Pedro Sánchez, que es un virtuoso de sus vicios, ha vuelto a decir que el pacto Rajoy-Rivera no va a cambiar su ‘no’. No conforme con eso, el líder de lo que queda del PSOE, que era lo que más podía gustarnos a todos, ha proclamado que tampoco está en disposición de apoyar los Presupuestos. Se ha refugiado en el ‘no’ y, aunque no le asista toda la razón, hay que reconocer que tiene sus razones.

Mucha gente confunde en política la flexibilidad con la deserción como si no fuese necesario variar de ideas si se desea continuar en el mismo partido o cambiar partido si se desea proseguir con las mismas ideas. En esa encrucijada se encuentra Pedro Sánchez, que sin duda es una persona de buena fe, pero algo tarugo, hasta el punto de que no entiende las cuñas aunque sean de maderas muy similares, pero distintas. Y eso es no comprender que no hay más madera de la que ya ha ardido.

Lo más alarmante de estos días ardientes de finales de agosto es que se quieran cargar las diputaciones. Los que amamos la España provincial, que no es exactamente la provinciana, no sabemos cómo se puede hablar con tanto desparpajo de suprimir las diputaciones. Se corre el riesgo de sustituir sus gastos (unos 6.000 millones al año) por algo que nos cueste mucho más, sin contar el desamparo absoluto en el que caerían muchos pueblos menores y otros más chicos. Lo peor que se puede hacer en estos casos es fijar «un calendario de reuniones». La solución no es decir a todo que ‘no’, pero tampoco que ‘sí’. Ni Sánchez ni Rivera, sino alguien que piense por su cuenta y no por el riesgo que podrían correr sus ambiciones. El acuerdo de investidura tiene los días contados y lo único que hemos puesto en marcha puntualmente es el campeonato de Liga, que precisamente es el más largo. A muchos de nosotros es el que más nos importa, aunque lo ganen siempre los mismos. Por lo menos nos divertimos apostando, que es una de las maneras de jugar sin moverse.

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