Opinión

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Vivir la mañana de Reyes a través de los ojos de un niño es mágico. Y un privilegio. Y no es para siempre. Mantener la ilusión, la liturgia de los regalos y el roscón, y la alegría y algarabía que caracteriza el 6 de enero, es algo que se puede seguir cuidando y alimentando toda la vida. Se tengan hijos o no. Incluso si no hay sobrinos ni nietos a la vista. Pero ningún esfuerzo adulto podrá superar nunca la expectación infantil del 5 por la noche; los saludos alocados al paso de la cabalgata; el halo de misterio que se forma alrededor de unas copas a medio beber o una galleta mordida por Sus Majestades; la excitación contagiosa al ver entre legañas un salón lleno de globos y presentes; la ilusión de descubrir el regalo más deseado, tras despedazar el papel satinado... Y todo eso pasará.

Dicen los estudios que, cuando nuestros hijos cumplen los cinco años, ya hemos pasado con ellos la mitad del tiempo que compartiremos a lo largo de su vida. Y que, cuando llegan a los 12, ya han transcurrido tres cuartas partes de nuestro tiempo con ellos. ¿A partir de los 19 años? Ya solo nos queda el 5%. Al menos eso dicen los datos de la American Time Use Survey (ATUS) de 2003 a 2019, analizados por expertos de la Universidad Brigham Young de Utah en 2023. 

Desconozco si estas cifras son aplicables a España. Puede que nuestro caso no sea tan dramático. Nuestra esperanza de vida es mayor, somos más familiares y sociales, conciliamos mejor (aunque no sea para tirar cohetes), hay mejores políticas de paternidad y maternidad... E incluso nos está costando más emanciparnos. Así que puede que disfrutemos de nuestros hijos por más tiempo. 

Pero el dato de la ATUS sigue siendo relevante. O, como mínimo, sirve de advertencia: debemos atesorar cada momento con nuestros pequeños. Disfrutar cada minuto. Sí, hay dificultades. Sí, es agotador. Sí, a veces los pequeños nos exasperan. Nos quitan el sueño. Pero esas manitas abriendo regalos, esas sonrisas de ilusión, esos bigotes de chocolate, no durarán para siempre. Aprovechémoslos.

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