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El fracaso de una constitución sectaria

| Actualizado a 06 septiembre 2022 07:00
Pere Lluís Huguet Tous
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Los chilenos han dicho masivamente no a una constitución sectaria. Cualquier texto constitucional que tenga vocación de permanencia y de ser la norma básica de convivencia de una sociedad democrática debe contemplar a todos los ciudadanos, debe ser la constitución de todos. Realmente la propuesta de constitución que efectuó la denominada Convención Constitucional no contemplaba las sensibilidades de todos los chilenos, muy al contrario, era una constitución de parte, impulsada por la izquierda radical, intentando imponer sus posiciones a todos los ciudadanos.

Resulta extraordinariamente interesante que solo hace dos años los chilenos, en un referéndum y con un abrumador 78%, manifestaron su voluntad de terminar con la Constitución de Pinochet, que, aunque reformada en multitud de ocasiones, era el texto vigente. Pero ahora también con un abrumador 62% los chilenos han dicho no a esta Constitución. Cuando alguien quiere imponer sus criterios por encima de otros en una carta magna ésta está abocada, más tarde o más temprano, al fracaso.

Pero resulta interesante analizar el proceso que ha llevado al fracaso del texto constitucional propuesto por la Convención. La izquierda ganó la mayoría de los asientos de la Convención, quedando la derecha únicamente con 37 plazas de las 155 existentes, lo que provocó que la izquierda tuviera la mayoría de 2/3 necesaria para aprobar los textos legales, sin necesidad de pactar nada con la derecha. En lugar de intentar pactar el articulado, aunque fuese desde una posición de fuerza que les daba la mayoría, los representantes del movimiento de izquierdas quisieron imponer su criterio unilateralmente. Esa situación provocó la polarización de la Convención, y con ello la imposibilidad de llegar a acuerdos entre las dos posiciones enfrentadas.

Es un grave error imponer el rodillo de la mayoría en la redacción de un texto constitucional. La poca visión de la izquierda, que se había radicalizado en la convención, ya que el centro izquierda incluso se había manifestado contrario a algunos de los aspectos más polémicos del nuevo texto, utilizó su mayoría para imponer un texto que aproximaba Chile a las Constituciones del populismo Bolivariano. Del extenso contenido constitucional destaca la carga ideológica de muchos artículos del mismo.

Como algunos han manifestado, incluso en la izquierda española, el texto propuesto es un intento de acabar con el estado liberal. Su extensión, 388 artículos, muestra la voluntad de intervencionismo del Estado en la vida de los ciudadanos, regulando aspectos hasta ahora inéditos en una constitución. En definitiva, los ciudadanos chilenos han dicho no a finiquitar el estado liberal, frente a la propuesta de entrar en el túnel oscuro del Bolivarianismo.

Los ciudadanos chilenos han dicho no a finiquitar el estado liberal, frente a la propuesta de entrar en el túnel del Bolivarianismo

La lección, con el rechazo popular de este domingo es bien clara, los ciudadanos chilenos que pocos meses antes habían dado la mayoría al izquierdista Boric, no quieren una constitución sectaria, incluso si ésta es de izquierdas. Quieren una Constitución pactada entre las fuerzas políticas del país que deje atrás la Constitución de 1980.

Lo que ha dicho el pueblo chileno, con voz alta y clara, es que las diferentes partes lleguen a un consenso, que construyan la constitución para todos los chilenos y no solo para una parte. Parece que este mensaje lo ha entendido el Presidente Boric, quien ya ha lanzado un llamamiento a la unidad de las fuerzas políticas y a un consenso entre ellas para seguir con el proceso constituyente. Seguramente de su capacidad para reencaminarlo dependerá su futuro. Chile, tal como lo reclamó el pueblo en el referéndum convocado por Piñera, necesita una nueva constitución, pero una constitución fruto del consenso y el diálogo y no la de solo unos cuantos.

Resulta curioso el apoyo expreso al sí que desde España ha dado la izquierda a la propuesta de Constitución Chilena, hasta nuestra ministra Irene Montero publicó un vídeo de apoyo a la nueva propuesta de constitución, poniéndola como ejemplo del camino a seguir por todos los demócratas. Suerte que los chilenos demócratas no le han hecho demasiado caso. Existen bastantes paralelismos entre Chile y España, los dos países salieron de una dictadura militar hacia una democracia, pero en Chile no han conseguido aprobar un nuevo texto constitucional.

Ello pone nuevamente en valor el proceso de transición a la democracia española. La Constitución Española de 1978 es el texto constitucional que más años de paz ha dado a nuestro país, el que mayor progreso ha conllevado. La que ha permitido gobernar a la derecha y a la izquierda. Y la gran diferencia, respecto al proceso chileno, fue el consenso, la capacidad de renunciar para obtener precisamente la Constitución de todos los españoles. Por ello estamos en permanente deuda con quienes se sentaron a una mesa, desde posiciones absolutamente alejadas, y supieron renunciar a planteamientos sectarios para conseguir un texto para todos los españoles.

Y no debemos olvidar que fueron capaces de sentarse a esa mesa, desde un exministro de Franco como Manuel Fraga, a un comunista, que incluso sufrió el encarcelamiento y el exilio, como Jordi Sole Tura; siendo todos ellos conscientes de que el texto que propusieran debía ser la Constitución de todos los españoles. Y fruto de ello es nuestra democracia actual, la que incluso permite que nos gobierne la izquierda radical, quien muy probablemente preferiría un texto constitucional más cercano al que ha sido rechazado de manera aplastante por los chilenos.

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