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    Las guerras siempre invocan

    13 octubre 2023 13:55 | Actualizado a 14 octubre 2023 14:00
    Cándido Marquesán
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    Hay un libro muy recomendable, El patriota y otros ensayos del inglés Samuel Johnson, una serie de artículos escritos entre 1750 y 1760. Destaca entre ellos, uno de título impactante y provocador, La visión que el buitre tiene del hombre, motivado por las atrocidades de la Guerra de los Siete Años (1756-1763), en el que pretende denunciar la crueldad humana...

    Nos relata Johnson que un pastor de Bohemia escuchó a una buitre adulta, que instruía a sus polluelos en las artes de la vida y les recordaba el sabor de una comida deliciosa, pues con frecuencia les ha ofrecido la carne del hombre. «-Cuéntanos -dijeron los jóvenes buitres-» dónde se puede encontrar al hombre y cómo puede ser reconocido. «-Los buitres» -contesta la madre-disfrutamos de su carne con frecuencia, gracias a que la naturaleza, le infundió una extraña ferocidad, que nunca he visto en ningún otro ser que se alimente sobre la tierra.

    La violencia la inician quienes oprimen, quienes explotan, quienes no reconocen a los demás como personas

    A menudo ocurre que dos manadas de hombres se encuentran, estremecen la tierra con ruidos y llenan el aire de fuego. Cuando escuchéis bullicio y veáis fuego, con destellos por todas partes, acudid al lugar con el más veloz vuelo, pues sin duda los hombres estarán destruyéndose unos a otros. Encontraréis entonces el suelo teñido de sangre y cubierto de cadáveres, para conveniencia de los buitres». «-Pero una vez los hombres han matado a su presa -dijeron los pupilos-, ¿por qué no se la comen? Cuando un lobo mata a una oveja, lucha para que los buitres no la toquen hasta que él haya quedado satisfecho. ¿El hombre no es otro tipo de lobo? «El hombre -dijo la madre» es la única bestia que no devora lo que mata, y por ello es un gran benefactor para nuestra especie. «Si los hombres matan a nuestras presas y nos las dejan-dijo uno de los jóvenes», ¿por qué esforzarnos tanto? «-Porque a veces el hombre» -contestó la madre» se queda por un largo tiempo en su guarida. Cuando veáis a muchos hombres acercarse a otros tantos, como una manada de cigüeñas, concluid que están cazando y que pronto os deleitaréis con sangre humana.

    Es algo consustancial

    El relato es un muy acertado. La guerra ha sido algo consustancial con nuestra naturaleza y sobre todo con la europea. Según Rafael Poch, en los últimos 500 años Europa ha ido de una guerra a otra, entre 1615 al fin de las guerras napoleónicas en 1815, con un promedio de 60 o 70 años por siglo. Luego hubo algo más de paz hasta 1914, salvo la guerra de Crimea o la franco-prusiana, pero en ese periodo Europa exportó el genocidio con el holocausto colonial-imperial: en el Congo de Leopoldo II de Bélgica fueron masacrados 10 millones de sus súbditos africanos. En este periodo de relativa paz Europa industrializó la guerra, y la hizo destructiva. Dos guerras mundiales de inusitada mortandad e incubadas en y por Europa, fueron la consecuencia.

    ¿Hasta cuándo la paz del mundo estará n manos de los que hacen el negocio de la guerra? ¿Hasta cuándo?

    No hay una sola nación ni al este ni al oeste en este pequeño cabo de Asia, que no tenga que hacer un examen de conciencia. Tantas obras sublimes, tantas elevadas metafísicas y delicadas filosofías para acabar en guerras entre naciones y civiles «. Y sigue igual, ahí tenemos Ucrania. Ahora en Palestina, al respecto sobre esta guerra son muy acertadas las palabras de Paulo Freire: «Con el establecimiento de una relación de opresión, la violencia ya ha comenzado. Nunca en la historia la violencia ha sido iniciada por los oprimidos... La violencia la inician quienes oprimen, quienes explotan, quienes no reconocen a los demás como personas, no quienes son oprimidos, explotados y no reconocidos».

    Inventar enemigos imaginarios

    Termino con una reflexión sobre la guerra de Eduardo Galeano, de octubre de 2009 con motivo de la Marcha Mundial por la paz y la no violencia: «Ninguna guerra tiene la honestidad de confesar: Yo mato para robar. Las guerras siempre invocan nobles motivos, matan en nombre de la paz, de dios, de la civilización, del progreso, de la democracia y si por las dudas, si tanta mentira no alcanzara, ahí están los grandes medios de comunicación dispuestos a inventar enemigos imaginarios para justificar la conversión del mundo en un gran manicomio y un inmenso matadero.

    En Rey Lear, Shakespeare había escrito que en este mundo los locos conducen a los ciegos y cuatro siglos después, los amos del mundo son locos enamorados de la muerte, que han convertido al mundo en un lugar donde cada minuto mueren de hambre o de enfermedad curable 10 niños y cada minuto se gastan 3 millones de dólares en la industria militar, que es una fábrica de muerte. Las armas exigen guerras y las guerras exigen armas y los cinco países que manejan las Naciones Unidas, los que tienen derecho de veto en las Naciones Unidas resultan ser también los cinco principales productores de armas. Uno se pregunta, ¿hasta cuándo la paz del mundo estará en manos de los que hacen el negocio de la guerra? ¿Hasta cuándo?».

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