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Carriles bici ‘confinados’

Vías aisladas. Pese a que se valora positivamente el hecho de que se implementen carriles bici, hay polémica sobre su funcionalidad

JOEL MEDINA ROMERO

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Uno de los carriles controvertidos por su corta longitud, en la avenida de Cambrils. FOTO: Alfredo González

Uno de los carriles controvertidos por su corta longitud, en la avenida de Cambrils. FOTO: Alfredo González

Cuando paseamos o conducimos por la ciudad, vemos muchos carriles bici, y pensamos que las bicicletas, los patinetes eléctricos o la gente que patina tiene total libertad para circular sin necesidad de pisar la acera o la carretera. Pero, ¿de verdad es así? ¿Alguna vez nos hemos parado a observar dónde comienzan estos carriles bici o dónde terminan?

Subo en el coche de Josep Maria Alcover, miembro de la asociación Reus Patina. Nos disponemos a hacer una ruta por los carriles bici que más polémica han suscitado entre los patinadores de la ciudad, ya que Alcover asegura que «en Reus hay muchos que no tienen sentido alguno porque o son difíciles de acceder, o son demasiado cortos». Además, comenta que desde el Ayuntamiento les han comunicado que pueden circular por la acera «siempre que vayan al ritmo de los peatones», algo que es casi imposible de hacer.

Arrancamos, nos dirigimos hacia el santuario de Misericòrdia. Justo delante, en el inicio de la avenida de Cambrils, está el primer carril polémico. Polémico por su corta longitud: se completa en casi diez segundos. No obstante, Alcover explica que es útil «si vienes del Camí dels Morts y quieres incorporarte a la carretera», algo factible en bicicletas, pero más arriesgado para alguien que lleve un patinete eléctrico o unos patines. «Cerca de aquí hay otro», anota.

El segundo se encuentra a cinco minutos de Misericòrdia, justo detrás de la calle Ausiàs March. «Este es aún peor», indica mientras estamos llegando. En efecto, hay una pista de baloncesto, y al lado, un carril bici que empieza en una rampa con cierta pendiente, y después de un giro, acaba en un muro. «Yo creo que cosas como ésta se hacen para aumentar el número de kilómetros de carriles bici que tenemos en la ciudad, pero es que no son útiles».

De camino al siguiente punto, pasamos por el Hospital Universitari Sant Joan. Pregunto si en esa zona hay algún carril bici, y Alcover responde que sí, que ese está bien porque da la vuelta al hospital, pero dice que «llegar hasta allí es difícil». Más adelante, entramos en la zona del Tecnoparc: «El que hay aquí sí que es muy útil porque está interconectado; hemos hecho alguna ruta por este», argumenta. Después de comprobar que efectivamente el carril permite recorrer toda la zona, llegamos a la avenida de Tarragona. Delante del concesionario Iveco, hay otro carril bici que no conduce a ninguna parte: empieza después de un camino de tierra y acaba en la carretera. Además, las malas hierbas impiden circular por él cómodamente. Alcover se pone los patines y me confirma que «el carril está muy bien asfaltado, es un gusto patinar por aquí, pero si te fijas las únicas marcas que hay son las que estoy dejando yo ahora». Añade que, pese a que está bien hecho, es un carril que no tiene mucha utilidad.

Rodeando la ciudad por la carretera C-14, salimos a la avenida de Constantí. Alcover señala otro de los carriles controvertidos, este se parece bastante al de la avenida de Tarragona: por una parte acaba en un muro, y por la otra en un barranco. Tampoco está señalizado, y tiene el mismo problema que todos los que hemos visto, es complicado acceder.

Muchos kilómetros sin conexión

De punta a punta de Reus, acabamos en la carretera Alcolea del Pinar. Hay cerca de 1 kilómetro de carril bici por los dos sentidos, que conecta la plaza del Nucli con la rotonda que lleva al polígono Agro-Reus. El problema, según Alcover, es que este carril es rugoso, no está asfaltado como un carril bici normal, y está al revés, por lo que los usuarios no ven a los vehículos venir de cara.

Por último, pasamos por el barrio Gaudí, y justo al cruzar el túnel, vemos dos carriles bici que acaban en una valla: «Aquí antes había un paso de cebra, pero lo quitaron para evitar accidentes. Sin embargo, la pintura del carril no se quitó». Este también es bastante largo, pero el hecho de que esté pintado hasta la valla puede crear confusión, ya que los dos carriles conectan por la otra parte de la rotonda.

«Estos son algunos de los que menos sentido tienen, pero hay más», afirma Alcover. No obstante, expresa que otros están muy bien y se utilizan mucho, como el del paseo Prim y Sunyer y el de la avenida Marià Fortuny. Aunque este último, añade, estaría mejor si conectara con el de Mas Iglesias. En resumen, explica que la idea de hacer carriles bici «es buena», pero no tiene sentido hacer muchos kilómetros y que estén inconexos entre sí, ya que el resultado es que haya carriles aislados, casi ‘confinados’.

Asimismo, según Alcover, existe un problema latente de convivencia entre peatones, coches, ciclistas y patinadores, al que en los últimos años se han sumado los patinetes eléctricos. Es más, afirma que hace falta pedagogía para que todos los vehículos aprendan a coexistir.

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