Reus Munta i Baixa

Cuando fuimos campeones... de todo

Efemérides. En tiempos de fines de ciclo traumáticos, es interesante recordar la epopeya que vivía Reus hace 50 años y su digno final

Josep Cruset

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Josep Cruset.

Josep Cruset.

Estas últimas semanas hemos sido testigos de situaciones que muestran nuestra peor faceta como sociedad –la incapacidad de evitar los rebrotes del virus– y también nuestra mejor versión como individuos –Jordi Cervera cruzando a nado a sus 60 años los 44 kilómetros de mar del Golf de Sant Jordi por una causa solidaria–. La gesta del nadador reusense coincidió en el tiempo con la cara más cicatera del deporte, reflejada en el conflicto entre el Barça y Leo Messi.   

En estos tiempos de fines de ciclo traumáticos, es interesante recordar las proezas de las que disfrutó Reus hace medio siglo, su honroso final y el digno crepúsculo de nuestros dioses deportivos.

El 19 de septiembre de hace 50 años, el Reus Deportiu levantaba su cuarta Copa de Europa consecutiva. Doblegó al Oporto en una complicadísima semifinal y se impuso en la final al Voltregà tras apabullarle en el viejo pabellón rojinegro y resistir en el partido de vuelta. Allí, el Reus pudo alzar el trofeo en mitad de la pista, y no como el año anterior, cuando tuvo que recibirlo refugiado en los vestuarios del pabellón del Benfica de Lisboa.

La nueva victoria en la Copa de Europa –cuya final se demoró hasta septiembre por la disputa del Mundial de Argentina– convertía al Reus Deportiu en el vigente campeón de la Liga de División de Honor, de la Copa de España –entonces llamada del Generalísimo–, de la Copa de Europa y del Mundial de clubes que se había celebrado en Brasil al principio de la temporada 1969-70. Es decir, campeón de todo. Un logro impensable para un equipo de una ciudad mediana de Catalunya, que había conseguido convertirse en el dominador de este deporte a nivel mundial, porque además tres de sus jugadores formaban la base del equipo titular de la selección española que se acababa de proclamar campeona del Mundo, en una época en que el hockey sobre patines era el único deporte capaz de conseguir títulos mundiales para España.

Público en el viejo pabellón del Reus en la semifinal de la Copa de Europa ante el Oporto, en agosto de 1970. FOTO: Niepce/Àlbum del centenari del Reus Deportiu

Si el traumático fin de ciclo del mejor Barça ha llegado tras once años consecutivos ganando títulos, el del gran Reus Deportiu llegó después de ocho temporadas triunfales, en las que cosechó la friolera de siete Ligas, cuatro Copas, seis Copas de Europa y un Mundial de clubs. Y, curiosamente, el epílogo también se escribió en el Estadio da Luz de Lisboa, aunque sin el bochorno que el 2-8 ha significado para los culés.

Allí, la noche del 13 de junio de 1973, el Benfica del gran Livramento eliminó por primera vez al Reus Deportiu de la Copa de Europa, tras ganar 2-5 en la ida y empatar 2-2 el partido de vuelta en Portugal. Fue el final de la epopeya europea de los rojinegros, pero no de sus triunfos, porque cuatro días después el Reus ganaría la Copa del Generalísimo y cerraría la temporada 1972-73 con el doblete de Liga y Copa.

El temido e inevitable fin de ciclo llegaría en realidad la temporada siguiente. El adiós del entrenador Andreu Borràs y la marcha del legendario defensa-medio Joaquín Vilallonga al Barcelona, dos de los pilares de la época dorada rojinegra, ya presagiaban un antes y un después, que se visualizaría con crudeza en noviembre, cuando en un partido televisado frente al Barça, Joan Sabater se lesionó de gravedad y los azulgranas vencieron por 1-5. En un emotivo gesto, Vilallonga no jugó ni un minuto contra su exequipo. Se trataba de una de las poquísimas derrotas sufridas por el Reus en casa desde 1964, cuando se formó el equipo de los Santi García, Rabassa, Sabater y los hermanos Vilallonga, pero a nadie se le escapó su trascendencia.

Epílogo en Estoril

El periodista Francesc Sabater escribió tras el partido: «El Reus ha entrado en una fase de transición que tenemos que aceptar, y no lamentarnos si no se consiguen títulos. Hay que hacer jugadores a los jóvenes que han tomado el relevo y esto cuesta alguna temporada. Aceptemos pues, leal y deportivamente, la realidad. Se ha acabado una época gloriosa del hockey reusense y español».
Una plaga de lesiones y sanciones forzó el regreso de Sabater, que pronto recayó de su dolencia. A sus 35 años, llegaba la hora de la retirada para el gran capitán.

La Copa de Europa, la competición fetiche, se convirtió en la única esperanza de salvar la temporada 1973-74. En semifinales, el Reus quedó emparejado con el campeón portugués, el Lourenço Marques de Mozambique –entonces colonia portuguesa–. Ante la trascendencia del envite, Joan Sabater volvió a calzarse los patines tras varios meses de inactividad. El Reus logró imponerse en casa por un ajustado 5-4, pero perdió 3-1 en la vuelta disputada en Estoril. Fue el último partido de Sabater. Uno de los mejores equipos de todos los tiempos había caído definitivamente, y nunca mejor dicho, con las botas puestas.

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