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Ejecutan un desahucio y vacían completamente otra casa por error en Alforja

Parte de los enseres terminaron en un vertedero y otra subastada en internet, y muebles centenarios rotos a mazazos

ÀNGEL JUANPERE

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Así quedó el comedor, situado en la planta baja. Estaba listo para que lo pintaran. FOTO: CEDIDA

Así quedó el comedor, situado en la planta baja. Estaba listo para que lo pintaran. FOTO: CEDIDA

¿Se imaginan que te llamen unos vecinos porque parece que hay ocupas en tu casa centenaria, que llegues al lugar y que te la encuentres completamente vacía: sin muebles, sin utensilios, sin efectos, sin recuerdos? Es lo que le ocurrió a un vecino de Alforja. Los autores no fueron unos okupas ni unos ladrones profesionales, sino una serie de personas que se equivocaron de vivienda: en vez de vaciar una que tenía un desahucio hipotecario lo hicieron en otra. Los responsables –cumpliendo instrucciones de Anticipa Real State– reconocieron la equivocación y entregaron las llaves al Ayuntamiento para que las hiciera llegar al legítimo dueño, un hombre que tenía 68 años. Sin embargo, lo hicieron después de vaciar la casa.

Tres años después, la víctima no ha recibido ninguna compensación ni disculpa. Mantiene abierta la causa penal en los Juzgados de Reus por los delitos de allanamiento de morada, robo o hurto y receptación.

La víctima nació en Alforja, aunque actualmente vive en Reus. Desde hacía muchos años ostentaba la posesión de una vivienda en Alforja –de bodega, planta baja, una superior y desván–, aunque la compra se materializó en 1993. Dicho inmueble –de unos 258 metros cuadrados– había sido el domicilio de su tío y también de su abuelo. Construido en 1900, se encontraba en buen estado de conservación ya que la utilizaba como segunda vivienda. Había constituido el domicilio de tres generaciones, lo que para J.S.G. eran todo recuerdos familiares. Y con el paso de las décadas, se habían acumulado muebles antiguos, algunos de más de un siglo y que ya no se pueden adquirir en el mercado. Albergaba los recuerdos de sus familiares, que nadie le devolverá.

Una de las habitaciones de la planta baja. FOTO: Cedida

Los recuerdos

Pero también guardaba ropa, enseres personales, electrodomésticos, utensilios, aperos de trabajo del campo, barricas y botellas de vino y unos 450 litros de aceite, parte para la confección de jabones.

Los responsables reconocieron el error pero en tres años no han contactado con el dueño

El mal sueño para J.S.G comienza en la mañana del 19 de junio de 2018 cuando recibe la llamada de un familiar. Le comunica que posiblemente hay okupas en su casa. El denunciante y su esposa se trasladan hasta Alforja. Se encuentran con que las cerraduras han sido cambiadas y que la puerta presenta daños, compatibles con haber usado una palanca para forzarla y abrirla. Llama a los Mossos d’Esquadra y acude una patrulla. Por prudencia, los agentes no acceden al interior y se marchan.

J.S.G. pregunta a los residentes en la zona si habían visto algo extraño durante los últimos días. Le dicen que habían acudido al lugar varias furgonetas. Los vecinos preguntaron qué pasaba al supuesto responsable de aquella movilización –presuntamente un arquitecto– y les contestó que se trataba de un «desahucio hipotecario». Incluso mostró su tarjeta de visita. Los vecinos pusieron en duda, según la denuncia, que el dueño de aquella vivienda tuviera deudas. El hombre hizo una llamada y se ratificó que aquel era el inmueble en cuestión. Seguidamente procedió a ordenar la rotura de la puerta y a cambiar su cerradura. Acto seguido comenzó el vaciado de todo lo que se encontraba en el interior. No estaba desocupada porque incluso había aceite de aquella cosecha.

Una de las habitaciones de la planta baja. FOTO: Cedida

La equivocación

El afectado, ante la falta de explicaciones por los invasores, contacta con un abogado, que comienza a realizar gestiones. Comprueba que la casa sobre la que se había celebrado la subasta notarial no tenía nada que ver con la de su cliente. La que se tenía que vaciar se encontraba en un callejón –no en una calle– del mismo nombre y número, un edificio en construcción con varias viviendas –muy distinto al del afectado–. Sobre el mismo había una deuda y se había procedido a su subasta en una notaría de Reus.

Al día siguiente, J.S.G. recibe de nuevo la llamada de un vecino. Hay personas y furgonetas. Acude a la casa y también solicita la presencia de los Mossos d’Esquadra. La casa está ya completamente vaciada y lista para ser pintada. Una de las personas que está allí –y que figura como denunciada en la causa penal– dice que seguía órdenes de una constructora. Después de que el verdadero dueño de la casa se identifica como tal, la mujer reconoce que todo ha sido un error y que intentarán solucionarlo todo. Sin embargo, no han devuelto los efectos retirados y que no fueron destruidos.

Los denunciados son el arquitecto, una pareja –que trabajarían en inmuebles procedentes de desahucios o adjudicaciones y que después venderían a través de internet– y los responsables de tres sociedad, entre las que se encuentran la dueña de la finca a desahuciar y la que ejecutó la acción.

A pesar de las promesas hechas en su día de solucionar el conflicto, han pasado tres años y no se han puesto en contracto con el afectado.

El procedimiento judicial –en cuyo seno deberá investigarse igualmente el destino dado a bienes que no fueron destruidos– se tramita con notable demora.

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