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Reus Sociedad

El comercio de Reus valora el dominio de idiomas, pero «no es indispensable»

Recuerdan que el turista mayoritario es nacional, aunque se tiene en cuenta que los empleados sepan inglés y francés

CRISTINA VALLS

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Imagen de las terrazas que se concentran en la plaza del Castell, cerca de la Prioral de Sant Pere de Reus. FOTO: ALBA MARINÉ.

Imagen de las terrazas que se concentran en la plaza del Castell, cerca de la Prioral de Sant Pere de Reus. FOTO: ALBA MARINÉ.

Comunicarse es una parte clave en el proceso de venta de un producto o servicio. Así que, dominar el idioma del cliente siempre da puntos para conseguir dar una buena impresión, así como lograr una experiencia óptima en la compra. El comercio local de la ciudad, en este caso, valora mucho que los profesionales que contratan sepan hablar inglés y francés, lo que supone un «valor añadido», aunque no lo catalogan como una competencia obligatoria –al menos según las fuentes consultadas–. «Sirve para descartar perfiles a la hora de hacer una criba en un proceso de selección», distingue la presidenta del Tomb de Reus, Gemma Molner.

Desde la agrupación comercial, de naturaleza dinamizadora, expresan que el comerciante por regla general, ha de implicarse para saber más, tiene que tener iniciativa y ganas. «En la capital del Baix Camp hay una gran variedad de escuelas y centros en los que se imparten idiomas, entre otras materias relacionadas con la atención al cliente y el comercio. Lo principal es que el comerciante tenga inquietud por cultivarse. Cabe decir, que cuando contratas a alguien que se dedica al trato directo con las personas, sabes que tendrá los recursos para poder atender a cualquier persona. La formación del personal de hostelería y comercio, además, también está sujeta a la eterna actualización», completa Molner.

Pau Salvadó, del Passeig Comercial El Pallol, describe el servicio al cliente en tiendas y restaurantes como «el adecuado». «Nos defendemos con el idioma a la hora de vender productos y servicios sin dejar de ser exigentes. Tenemos las nociones básicas», destaca. Unió de Botiguers tiene claro que el camino a seguir está en la formación. «Un reto de futuro sería formar en idiomas (entre otros conocimientos) a los asociados que así lo solicitaran. Tenemos varios frentes abiertos y el comercio se actualiza constantemente. Queremos apostar por un turismo familiar de calidad. Hay turistas que te comentan que siempre es más agradable recibir trato en su idioma, si no siempre queda el lenguaje de signos», resume la presidenta de la asociación comercial, Meritxell Barberà. Raúl Juárez, al frente The Green Dog Café durante 16 años, cree que saber idiomas es «importante y da servicio». Las cartas de su local están en catalán, castellano, inglés y francés. «Llevo 25 años en la hostelería, he trabajado en Inglaterra y Las Canarias, y he visto diferentes tipos de turista. Encuentran de gran ayuda que nos sepamos expresar en su idioma. En el caso de Reus, tenemos un ‘turismo de plástico’, un concepto con el que designamos a aquellos que están de paso y se dirigen a la costa, allí sí que te tienes que defender. El que llega a la ciudad, suele gastar un poco menos, eso sí», expresa. Todo ello, depende de la temporada y del tipo de turista que venga.

«Recordemos el auge que hubo veranos atrás con saber ruso por la llegada de turistas», resuelve. Con un equipo de 10 personas aproximadamente, Juárez cuenta con personal de diferentes procedencias que sabe árabe, inglés y francés. «Es complicado encontrar personal en cualquier oficio y sector, pero saber idiomas siempre suma», dice. Desde la Crêperie Kenavo, Bénédicte Ronco dice que lo que más valora tras 13 años en el negocio es que «los trabajadores sean educados y sepan catalán y castellano, expresarse con soltura», manifiesta. «Que dominen el inglés no es un requisito indispendable, pero siempre se aplaude. Ahora bien, que sepan desempeñar en sala un pedido como es debido, es lo más importante. Ahora mismo, hay ocho trabajadores en total y hay alguno que se defiende en francés», indica. Las cartas se dirigen al comensal en catalán, castellano, francés e inglés.

«Saber idiomas no es primordial, nuestro público objetivo es de proximidad. Entre un 10 y un 12% es extranjero. Las cartas las tenemos en catalán, castellano, inglés y francés», asegura Xavi Mariné, de DO Vinoteca i Cuina. El asunto cambia en el caso del sector hotelero y el de las visitas guiadas, realizadas en edificios emblemáticos, pues son grupos cerrados y los profesionales del sector han de transmitir otro tipo de información. En este caso, suelen ampliar el abanico de idiomas al alemán.

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